Por un hueco se va el respeto

Ana Nancy Díaz (Teniente Rey No. 455, La Habana Vieja) caminaba el pasado 3 de agosto por la amplia acera que bordea el Capitolio Nacional, y fue a dar con un señor hueco de un registro de la electricidad soterrada. Y en recuperación de lesiones en ambas piernas, espalda y brazos, ella escribe para alertar del peligro, pues esa es zona concurrida por cientos de personas.

Ana Nancy reportó el hoyo a la Organización Básica Eléctrica del municipio, y allí le indicaron que es asunto de la OBE Soterrado, que atiende las líneas eléctricas subterráneas. Le dieron el teléfono de la entidad, el cual estaba reiteradamente fuera de servicio.

Ana Nancy volvió a contactar con la OBE, y le dieron otro número, que resultó ser el de Recursos Humanos de Soterrado. Llamó allí, les explicó que el indicado estaba fuera de servicio y le respondieron que no recogían esas quejas, ni podían pasar la llamada. Que fuera directamente a Blanco y Trocadero, sede de la entidad.

«¿Cómo es posible —señala— que Soterrado y demás autoridades desconozcan hueco tan peligroso en lugar tan público y notorio? ¿Cómo es posible que una dependencia de Soterrado, ante la imposibilidad de comunicarme por teléfono con quienes debía, se desentienda sin preocuparse de canalizar un asunto de esa entidad, el cual puede generar más accidentes? En forma burocrática e insensible la solución que ofrecen es ¡que el accidentado se traslade personalmente a dicha oficina!».

La historia deja lecciones: no subestimar ni un hueco, pues por él puede extraviarse el prestigio de una entidad ante los ciudadanos. Y quienes no fueron capaces de sensibilizarse y tomar el reporte excepcionalmente, evidentemente estaban «en Blanco y Trocadero», como se dice de quienes se ausentan de todo. Parece que el valor de la solidaridad, de vez en vez, anda «soterrado».

Radiocuba se disculpa

Desde Pedro Betancourt, Matanzas, el pasado 19 de agosto contaba Víctor Prado que en esa región hacía más de un mes que no accedían al close caption, esa bendición tecnológica para los televidentes sordos e hipoacúsicos.

Víctor llamó a Radiocuba en Matanzas, y lo remitieron para el Puesto de Mando de la entidad. Y allí, aseguraba, «no tenían conocimiento de lo que estaba sucediendo». Le sugirieron que llamara a diario, hasta poder darle una respuesta definitiva.

Así lo hizo. Al tercer día, le dijeron que el problema era en las zonas que recibían la señal por el canal 9, que ya se les había comunicado a los técnicos para que dieran solución. El lector lamentaba que seguía llamando y siempre era la misma respuesta: un problema al cual no se le ha podido dar solución.

Responde ahora Ernesto Becerra, jefe de la División Territorial de Radiocuba en Matanzas, que la empresa, para dar solución, hubo de enfrentar una acción tecnológica compleja e inusual, que podía embrollarse y solo acometerse en horarios de madrugada, con desvío de señales. Y se disculpa «por no haber ofrecido una respuesta comprensible al compañero, a pesar de lo técnicamente complejo que resulte hacerlo, y además por el tiempo que duró la solución de la afectación, aun cuando los técnicos trabajaron incansablemente en ella».

Agrega que al publicarse el caso, ya el problema estaba solucionado. Y se lamenta de que JR no haya contactado previamente con la empresa.

Apunta que visitaron a Víctor en su domicilio y lo invitaron a visitar el Centro de TV y FM de Jacán, donde se laboró esforzadamente para dar solución al asunto.

Finalmente, aclara que no toda la tecnología de transporte de señales de Radiocuba es compatible con el servicio de close caption, lo cual ha generado problemas en otras regiones del país, que sí no tienen solución al respecto.

Agradezco la respuesta; pero la historia nos recuerda que una entidad es la responsable de garantizar a tiempo información a sus beneficiarios. Y si estos acuden a ella y no reciben el esclarecimiento necesario, acuden a la prensa inevitablemente. Una sección de este tipo, por demás diaria, no puede extraviarse en contactos y mediaciones con cada caso que llega. Publica la queja, como ahora lo hace con la respuesta. Y los lectores extraen conclusiones.

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