La calidad, santo y seña

La preocupación por la calidad, piedra angular de cualquier producto o servicio, sigue motivando a más de un lector que escribe a este espacio. Uno de ellos es Roberto Figueroa Silva, vecino del edificio H-21, apto. 7, en la Zona 13 del capitalino barrio de Alamar, La Habana del Este.

Como quien ha transitado mucho por la vida y puede mirarla desde la experiencia, Roberto recuerda que en la década de los 60 el Che libró una batalla por la calidad de los productos e insistió en la necesidad de exigir que nuestro pueblo los recibiera con la calidad que merece.

El lector arrima este principio a dos situaciones que cree deben atenderse más. Una de ellas es la condición de los productos agrícolas y sus precios, enfoque que —considera— ha sido desplazado por la enunciación de cifras de las ventas. Y no es que estas sean menos importantes, pero hay que insistir en la prestancia de lo que se oferta.

«Visito frecuentemente los Mercados Agropecuarios Estatales (MAE) de Alamar, así como los de otros municipios de La Habana, y he comprobado que la calidad de una parte de lo que se comercializa está muy lejos de lo que merece nuestro pueblo». Roberto, además, aprecia una contradicción entre la depreciación de lo que se exhibe en ciertas tarimas y que «los precios se mantengan constantemente como “de primera”».

El lector se ve a sí mismo como un cliente inexperto en las nociones sobre cómo catalogar lo que se oferta, y piensa que «sería muy recomendable que en los MAE existiera información pública sobre los parámetros que tienen los productos “de primera, segunda, tercera, cuarta y quinta” —en muchos casos, lo que él ve coincide más con estas últimas categorías—, de manera que todos pudiéramos tener muy claro qué es lo que nos están ofertando».

Roberto añade que es preciso analizar sistemáticamente el tema de las pérdidas en los MAE debido a productos que no se venden por mala calidad. Según su razonamiento, una parte no despreciable de lo que llega a la tarima no termina en la mesa por no tomarse ágilmente la decisión de ajustar el valor al producto depreciado. Es loable la preocupación del lector, pues son considerables los esfuerzos de  nuestros campesinos y del Estado para asegurar materialmente las cosechas, como para permitirnos esa sangría.

El lector también considera que hay que poner énfasis en la calidad de los fósforos. Cada caja ha de traer 70 unidades, según reza una inscripción en su cubierta. Durante seis meses él buscó esa cantidad en las cajas que le venden por la cuota normada, y el promedio que halló fue de 65 unidades. «Pero lo más importante no es eso —advierte—, pues la cantidad que son inutilizables por mala calidad oscila entre 20-30 unidades, lo que me indica que solo alrededor del 50 por ciento de los fósforos que he recibido los he podido utilizar».

Roberto pregunta: «¿Cómo funciona el control de calidad en la Empresa Nacional del Fósforo? ¿Han realizado algún tipo de análisis con sus clientes para conocer sus criterios sobre la excelencia de sus productos?».

¿Aguas de la negligencia?

María del Rosario Girón Marcial considera que ya agotó los recursos a su alcance para solucionar con la empresa Aguas Negras en Marianao la severa tupición en las tuberías albañales de su edificio.

Desde el 5 de septiembre, a través de la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda (UMIV) del municipio Playa, le tramitaron el contrato No. 2665 con Aguas Negras para el servicio de alta presión en los desagües. En ese momento, la compañera que la atendió le explicó que el ciclo para realizar el trabajo era de 70 días. María del Rosario aceptó esas condiciones, pero desde hace casi tres semanas la tupición se volvió crítica. Las aguas se acumulan en el pasillo posterior de los dos apartamentos de la planta baja del edificio, amenazando con inundar la cocina y los servicios sanitarios de ambos.

El 3 de noviembre los trabajadores de Aguas Negras visitaron el edificio para defectar el caso, y determinaron que es necesario hacer el escombreo de la fosa y aplicar alta presión para destupir las tuberías. Le explicaron a la vecina que los atendió que regresarían ese mismo día o al siguiente con la pipa encargada de esa labor, pero todo quedó en promesas.

Desde entonces, la lectora sigue llamando al Poder Popular y a Aguas Negras, sin que sepa hasta el momento por qué la empresa no regresó. «Me han explicado que en La Habana solo hay dos camiones de alta presión, pero nos afecta la negligencia o la indolencia… Si visitaron el edificio el 3 de noviembre, han tenido tiempo suficiente para concluir lo que iniciaron», subraya. Allá en avenida 31 entre 46 y 48 No. 4608 interior, Playa, ella aguarda una respuesta.

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