Sensibilidad para Maritza

Extremo humanismo y mirada muy particular para atender los casos más vulnerables, debe ser el estilo de trabajo de las autoridades gubernamentales en un territorio. Palpar de cerca el drama, buscarle soluciones… y cuando no las haya por el momento, atender y explicar, pasar la mano. Pero siempre buscar una alternativa, para no dejar solo al que sufre.

Lo digo porque remueve la impotencia y la inconformidad la carta de Maritza Febles Cordero, vecina de Calle Maceo No. 89-A, en Santa Cruz de los Pinos, municipio artemiseño de San Cristóbal.

Refiere la remitente que su hijo de 15 años presenta una insuficiencia renal crónica, y desde febrero pasado recibe un tratamiento de hemodiálisis tres veces por semana en el Hospital Pediátrico de Centro Habana, en la capital. A casi cien kilómetros de distancia.

En junio pasado, al muchacho le hicieron un trasplante de riñón, y lamentablemente su organismo no lo asimiló. Actualmente continúa con el tratamiento de hemodiálisis, y recuperándose hasta que pueda trasplantársele otro riñón salvador.

Ese tipo de paciente tan delicado y a tanta distancia de sus médicos requiere una estrecha comunicación con ellos. Por eso Maritza ha solicitado un teléfono y la ayuda de las autoridades municipales.

«Me he presentado en el Gobierno de mi municipio —apunta—, y no me han dado una respuesta concreta ni definitiva para mi problema».

Maritza es una madre agradecida por las atenciones y cuidados que tiene la Salud Pública cubana para con su hijo. Por eso se pregunta:

«¿Puedo yo dejar a mi hijo solo con fiebre alta y de madrugada, para ir a un servicio público y llamar al médico? ¿Es más difícil conectar un teléfono, teniendo todas las condiciones de instalación, que la labor de esos dedicados médicos, al ocuparse diariamente y sin hora de estos niños con tan grave enfermedad?».

Este redactor agrega: ¿Hará falta una diálisis de ejecutividad y comprensión humana para quien debe decidir ese excepcional teléfono?

Derroche frente al naval

Bienvenido Garcés Chepe (Edificio No. 303, apto. 9. Ciudad Camilo Cienfuegos, La Habana del Este, La Habana) es un hombre observador de los detalles, de esos que ven lo que a otros insensibles les «resbala».

Cuenta que diariamente compra los periódicos en el quiosco que está frente al hospital Luis Díaz Soto (Naval). Y frente por frente está la gigante cisterna de agua que abastece al centro asistencial, con una dimensión de 15 metros de ancho por 40 de largo.

Bienvenido se duele porque un día sí y otro no, de acuerdo con el bombeo de agua por Acueducto, la cisterna se desborda impunemente. La gente pasa y ni mira hacia allí. Pero Bienvenido se revuelve, porque en el Camilo Cienfuegos hay muchos edificios que carecen de agua…

«Cuando veo ese despilfarro de agua —señala—, subo al hospital para que pongan la turbina y cierren la válvula de entrada a la cisterna, pero pasan los meses y no se hace nada».

¿Quién es el responsable? ¿Cuál parte le toca a Acueducto y cuál al Hospital Naval? ¿Conoce el Consejo de la Administración Municipal de La Habana del Este lo que se le escapa entre los dedos? ¿Cuánto se desaguará la economía cubana con tantos derroches de agua potable? ¿Qué pensará quien pase por allí y tenga los grifos secos en su hogar?

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