No un mes, pero sí 14 días

El pasado 7 de septiembre, Mibiala Camiñas, residente en el reparto Los Pinos, del municipio capitalino de Boyeros, denunciaba aquí que llevaba más de un mes con el teléfono fuera de servicio, y no lo habían restituido, a pesar de haberlo reportado en varias ocasiones a ETECSA.

Al respecto responde Tania Velázquez, directora adjunta en función de vicepresidenta Comercial y de Mercadotecnia de ETECSA. E informa que, de acuerdo con la investigación hecha, el referido servicio fue afectado por una descarga eléctrica en la caja terminal, el 25 de agosto pasado.

Precisa que, en entrevista con Mibiala, se le informó que aun cuando ella refería estar incomunicada desde hacía un mes, en los sistemas informáticos implementados por ETECSA para la atención a los reclamos por interrupciones telefónicas —mediante el número 114—, se archivan reportes del servicio; y aparecía como último el reporte del 25 de agosto.

Esa información, afirma, se corresponde con los registros obtenidos de los análisis del tráfico telefónico de salida de ese teléfono. En los mismos, aparecen llamadas locales y nacionales desde ese número entre el 1ro. y hasta el 23 de agosto.

«No obstante —señala—, las redes telefónicas de esa parte de la capital presentan actualmente una compleja y difícil situación técnica, por lo que hubo de revisarse detalladamente en la vivienda de Mibiala los diferentes elementos del servicio, mejorándose así las extensiones interiores y la instalación exterior, realizándose aquellos cambios que se consideraron pertinentes, y quedando restablecido definitivamente el servicio desde el mismo 7 de septiembre».

Agradezco la respuesta. Si bien se precisa que Mibiala no llevaba más de un mes con el teléfono incomunicado, no es menos cierto que, de acuerdo con el registro de ETECSA, sí permaneció sin el servicio desde el 25 de agosto hasta el 7 de septiembre, cuando se lo restablecieron tras la revelación aquí de su queja. Nada menos que 14 días.

Imagínense los lectores el aguardar durante esas dos semanas, en la incertidumbre de cuándo restablecerán el servicio; y que el mismo día en que se publica la queja se restituya lo que tanto demoró. Eso no se esclarece en la respuesta.

¡A la calle!

Mirta Rosa Cabrera (7ma. No. 90ª09, entre 90 y 94, Playa, La Habana) cuenta que el pasado 21 de noviembre dos equipos de escombreo trabajaron en la fosa de un edificio de su cuadra.

Y para asombro de los vecinos, después de dos horas y más de limpieza, vertían excretas y agua contaminada sobre la calle, al punto de inundar casi toda la cuadra.

La lectora lanza al viento sus preguntas:

«¿No pueden aplicarse medidas de control sobre ese tipo de labor, apoyándose además en camiones cisterna con agua para, una vez terminado el trabajo, higienizar los residuos? ¿Cómo es posible escombrear una fosa y bañar a todos los vecinos del lugar e inundar con aguas negras la calle por donde transitamos y convivimos?

«Comunales ha resuelto “aparentemente” un problema, pero nos ha dejado un sinfín de preguntas sin respuestas», concluye Mirta Rosa.

Y este redactor también pregunta. ¿Se estará perdiendo el sentido común, o ya estará extraviado?

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