Yo quisiera ser civilizado…

Si el popular cantante brasileño Roberto Carlos hubiera presenciado lo que la habanera Eneida Burke Morejón, seguramente ratificaría su anhelo de ser «civilizado como los animales».

Resulta que Eneida (Calzada de Bejucal No. 2763, apto. 3, e/ Hatuey y Narciso López, reparto La Esperanza, Arroyo Naranjo), según narraba en estas líneas el 15 de noviembre último, sufrió algunas de sus más estremecedoras vivencias en una estancia de diez días en el santiaguero municipio de Palma Soriano. Allí comprobó el maltrato que les daban ciertos cocheros a sus caballos.

Golpes con tubos por la cabeza. Cuero implacable. Poco alimento y poca agua tras jornadas fatigosas por calles en mal estado. Ese fue el lienzo de la vida de caballos, que observó perpleja Eneida.

Como no quería permanecer impasible, optó por andar a pie en el oriental territorio. Y después nos escribió, a ver si la letra pública conmovía a aquellos insensibles.

A propósito nos escribe Israel Lahera Boursac, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Palma Soriano. Ante todo, Israel desea disculparse, en nombre de sus coterráneos, por tan funesta imagen brindada a una visitante por seres inescrupulosos; aunque enfatiza que no son todos los cocheros los que se comportan de esta forma.

En el municipio «existe la Comisión de vialidad y tránsito, integrada por un grupo multidisciplinario que trabaja no solo para velar por el trato a los animales que conducen los coches, sino por otras cuestiones que atentan contra el bienestar del pueblo», apunta el dirigente.

Este colectivo labora en la identificación y solución de los problemas que obstaculizan la circulación armoniosa de las personas por las vías públicas; pero aún sus acciones no han podido contrarrestar actitudes negativas que diariamente se generan, explica.

Es por eso —recalca el Presidente de la AMPP— que continuarán perfeccionando los mecanismos de control, y no descansarán hasta resolver las situaciones de este cariz. Finalmente, comenta Israel que «la cultura de un pueblo no se podrá medir jamás por un pequeño grupo de personas irresponsables que han tratado de empañarla»…

Agradecemos al dirigente municipal su misiva. Y coincidimos con él en la última idea. Pero, a fuer de realistas, a veces es imprescindible la severidad cuando de hacer cumplir las normas de buena conducta se trata. Aunque jamás renunciemos a los instrumentos del diálogo fraterno y la concordia.

Tantos pasajes de nuestra historia, de nuestra cultura, vienen a la memoria cuando uno piensa en el caballo, que sería —aparte de inhumano— un pecado de cubanía permitir que los dañen. Que lo diga si no Perucho Figueredo, tejiendo sobre la crin el himno para entrar en guerra; o los guajiros que no tuvieron otra vía para evacuar sus enfermos que «la ambulancia cuadrúpeda»; o las señoritas que fueron raptadas y disfrutaron su primera fuga amorosa a lomos de la noble «limusina». No. Definitivamente, no podemos permitir que los maltraten.

Vivo por ellos

En Reina No. 307 e/ Lealtad y Campanario, en el capitalino Centro Habana, late un corazón agradecido. Y si aún está, es porque los doctores Villanueva, Bestard, Osiris, Mayte y Nizahel, y el personal de enfermería, técnico y administrativo de los hospitales Cardiovascular y Calixto García, así lo hicieron posible.

Por eso el afortunado dueño del músculo de los romances, Julio Chang Ibáñez, desea enviar a sus salvadores la recompensa mayor de que es capaz un ser humano: su afecto. Y en Acuse, entre tantos problemas cotidianos, no se bloquea jamás el oído del alma.

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