Legal, pero ¿por qué?

Que un alimento, no un artículo suntuario, aumente su precio en más del 80 por ciento, desata la justa inquietud de los consumidores, quienes merecen al menos una explicación convincente y fundamentada económicamente.

Eso motivó a Eusebio Roger Álvarez a denunciar aquí el pasado 2 de diciembre, desde Jaruco, provincia de Mayabeque, que el kilogramo de claria, el cual se vendía a 17,40 pesos en la pescadería de esa localidad, se ofertara a 32, de forma súbita, el pasado 27 de noviembre. Eusebio quería saber si era fundamentado el aumento, o si podría constituir una violación de la política de precios.

Por un error mecánico, este redactor, al reflejar la queja de Eusebio, sustituyó la cifra de 17,40 por 20 pesos el kilogramo; razón por la cual se disculpa con el remitente y con los lectores.

Ahora responde Orlando Jiménez, director de la Empresa Pesquera Acuabana —entidad de la pescadería—, que el filete de claria se vendía a 17,40 el kilogramo, tal como señalaba el consumidor en su carta. Y aclara que la venta que refiere Eusebio el 27 de noviembre fue en medio de la feria dominical que se celebra habitualmente en ese territorio.

Precisa que «el filete de claria que se vendió el domingo 27 de noviembre en la Pescadería Especializada de la Empresa Acuabana, en la Feria Dominical, a 32 pesos el kilogramo, está debidamente aprobado por la Dirección Provincial de Finanzas y Precios (DPFP), adscripta a la Dirección de Economía de la provincia Mayabeque, en su escrito DFPP-015-011, de fecha 9 de junio de 2011».

Agrega que los argumentos y ficha de costo que sostienen la aprobación, para la venta en la provincia, obran en la DPFP y en las oficinas de Acuabana, ambas ubicadas en el municipio de San José de las Lajas.

Agradezco la respuesta, porque esclarece que el precio no era violatorio sino oficial; lo cual no implica que el consumidor no tenga derecho a saber por qué hubo un aumento tan considerable. La respuesta de Orlando se ampara solo en la legalidad del precio y no en explicar el por qué del alza, lo cual era la duda del remitente y puede ser la de muchos consumidores. ¿Qué hacemos con saber que es legal, que los argumentos y la ficha de costo obran en la DPFP y en Acuabana, si no se le dan a conocer a quienes se afectan por el mismo? Nunca una inquietud de un consumidor es infundada, y si hay argumentos, podrá comprender hasta lo que le afecta, pero el secreto desata la duda.

Tres años de incertidumbre

Roberto Ramos (Km 1½ Carretera Mantua, No. 329, Guane, Pinar del Río) cuenta que luego de una misión profesional en el exterior y por sus méritos en ella, se le asignó un teléfono en su territorio.

Durante tres años consecutivos, y en sus lapsos de vacaciones de la misión, él se dirigió a la Oficina Comercial de ETECSA en su municipio, y siempre obtenía la misma respuesta: «No se preocupe, los técnicos irán a su casa».

La última vez, y ante tanta demora, preguntó si tenía que hacer otro trámite. Y le dijeron que no, que ya el documento que había firmado era el contrato; solo que, una vez más, le repitieron el estribillo: «No se preocupe, los técnicos irán a su casa».

En septiembre de 2011 concluyó la misión, y un mes después fue a la oficina. Entonces le dijeron que debían ver si había pares libres, pero que en esos momentos el liniero estaba de vacaciones. Volvió, y esa vez, en presencia del liniero y del jefe de la Oficina, quedaron en que revisarían el problema de los pares y la disponibilidad.

Por casualidad, días después, vio al liniero acercarse al poste próximo a su casa, y qué suerte escuchar que atendía precisamente su caso, y que había disponibilidad.

Pero dos días después… el jefe de la Oficina Comercial le dijo que había pares, pero estaban defectuosos, que le diera unos días y volviera.

El 12 de diciembre, cuando al fin decidió escribir a esta sección, ya había visitado la Oficina y la respuesta del jefe fue como un piñazo: «No tengo reparadores, y los pares están dañados… Tienes que seguir viniendo por aquí».

Roberto se cuestiona por qué le tomó tanto tiempo a ETECSA dar una respuesta clara y precisa, y si la empresa no tiene personal para atender rápidamente las demandas de los clientes. Dice más: Si a través del par telefónico de cobre y en presencia suya, el liniero estableció comunicación y conversó con el jefe de la Oficina, ¿cómo es que en dos días se dañó? El lector finaliza: «Ya he esperado tres años (…) ¿Cuántos más me quedan?»

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