Al final era cierto

En una columna que defiende los derechos de los ciudadanos, la justicia y el orden, molesta bastante que, luego de hacernos eco de la queja de una persona, esta no sostenga lo que denunció cuando las autoridades correspondientes van a entrevistarla; o señale que no lo escribió y fue un familiar quien hizo la carta.

Ese es el caso de la historia que se cierra hoy, y desatara el 12 de junio del pasado año una carta de Regina Tamayo, vecina de Heredia No. 26, en la ciudad de Las Tunas.

Entonces, Regina planteaba que justo en su esquina, en una terraza en tercera planta, ubicaron al aire libre un bar en divisas que permanecía abierto todo el día y también la madrugada; una verdadera desgracia para el vecindario.

Según la remitente, en sus inicios difundían la música a altos decibeles, y luego de muchas gestiones se lograron aceptables niveles de volumen. Pero con la reciente entrada de una nueva administración del bar, precisaba, todo volvió atrás.

La denunciante contaba que quienes frecuentaban el bar, salían de allí a altas horas de la madrugada vociferando, riñendo y profiriendo obscenidades. Como si fuera poco, orinaban, vomitaban y defecaban en los portales de los vecinos, valiéndose de la oscuridad imperante en la cuadra.

Regina se preguntaba por qué las autoridades no hacen cumplir las regulaciones existentes en lo tocante.

Al respecto responde con considerable morosidad Rayko Núñez López, especialista principal de Atención a la Población del sectorial provincial de Comercio en Las Tunas, quien señala que la comisión designada al efecto se entrevistó el 17 de junio de 2011 con Regina, quien «expresó que lo relacionado con la música alta no es así; que ese problema estaba resuelto. Explicó que fue su hijo quien hizo la carta y se había equivocado al redactarla. Y ofreció disculpas a los integrantes de la comisión.

No obstante, la comisión declaró con razón la queja. Y agrega Rayko que «de todas formas, a Regina se le comunicaron las medidas adoptadas para que no existan más problemas, las que se puntualizaron nuevamente a partir de su queja».

A continuación, Rayko precisa las medidas:

«En el área de la tercera planta, que es al aire libre, y teniendo en cuenta que la misma se encuentra a 15 metros de distancia de la vivienda, se retiraron los bafles y el equipo de música grande; se puso uno de menos tamaño (doméstico), y se dieron orientaciones precisas a los trabajadores sobre los decibeles. Control sistemático y exigencia para evitar volúmenes altos en la música.

«El horario de apertura y cierre se adecuó: de lunes a jueves hasta la 1:00 a.m.; y de viernes a domingo, hasta las 2:00 a.m. Y en el salón de la segunda planta fueron clausuradas las ventanas de cristal, y se pusieron cortinas interiores para minimizar la salida de ruido».

Empecemos por lo más importante: apoyar las medidas tomadas, siempre que hayan dado solución definitiva al problema. La respuesta es tan tardía, que a estas alturas habría que ver si se materializó la voluntad empeñada entonces.

La parte de la denuncia relacionada con la desafiante e impune conducta de los clientes cuando salen del bar, a los extremos de la vergüenza pública: eso no se aclara. Puedo entender que no le toca a Comercio, pero sí a otras autoridades encargadas de poner orden y velar por la decencia, el respeto y la tranquilidad ciudadana.

Es evidente que, aun cuando la remitente desdijo de la carta, el asunto de la contaminación sonora era muy cierto. Lo mejor hubiera sido haber tomado las medidas desde siempre, y no espoleados por una denuncia en un periódico.

Al final desconozco cómo fue la entrevista de la comisión con Regina. Pero, al margen ya de este caso, me preocupa que a última hora, después de haber enviado una denuncia a esta sección, una persona se retracte y diga que no fue ella. Y hasta ofrezca disculpas por defender sus derechos. Disculpas debían ofrecer, junto con soluciones de raíz, quienes vulneran los derechos ajenos sistemáticamente… hasta que una queja pública los pone en entredicho.

 

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