Necesitan moverse

Raúl Duanis Fonseca (Calle 8 No. 3501, entre 35 y 37, reparto Construcción Industrial, Nueva Gerona, Isla de la Juventud) es discapacitado, y como tal plantea sus inquietudes en nombre de muchos limitados físico motores, para quienes el sillón de ruedas es el motor y el combustible a la vez, que les da fuerza y orientación en su existencia diaria.

Según el remitente, a los discapacitados les venden las gomas de los sillones de ruedas una vez al año, pero son de tan mala calidad, que no duran ni dos meses.

«Supuestamente —afirma— es la Asociación Cubana de Limitados Físico Motores (Aclifim) la institución que debe ayudarnos a resolver esta situación. Pero al dirigirnos al Presidente de la misma, siempre responde lo mismo: las gomas no han llegado. Y si por casualidad se daña alguna otra pieza de la silla, la respuesta es casi igual: no tenemos piezas».

Duanis considera que, por más problemas económicos y financieros que tenga el país, alguna solución debe hallarse y se pregunta si es imposible que se creen mecanismos financieros, ya sea planificadamente o por el mercado, y Aclifim mediante, para que cada propietario de un sillón de ruedas pueda resolver piezas y lo necesario para su medio de locomoción.

Duanis también desea saber, como tantos usuarios de las sillas de ruedas y gomas que se producen en el país, específicamente en la provincia de Villa Clara, por qué presentan problemas de calidad y escasean tanto.

Hay humo en sus ojos...

Artemio Toledo Proenza (edificio 24, apto. 816, Las Coloradas, Moa, Holguín) tiene 69 años y desde los diez usa espejuelos de alta graduación. Son sus ojos prácticamente, para ver la televisión y los amaneceres; para leer un buen libro. Y lo más triste es que le digan que no tiene solución, al extremo de languidecer entre penumbras y figuras difusas…

Asegura Artemio que hace cuatro o cinco años que para su lacerada visión no hay cristales en el país. Él requiere para el ojo derecho +10,50 dioptrías, y para el izquierdo +9,00 dioptrías. Y en el caso de los de ver de cerca, se le adicionan +2,00 a cada cristal.

En las ópticas de Moa, San Germán y Holguín, incluyendo el almacén provincial de esos medios, le informan que esas medidas ya no las recibe el país; que a lo sumo reciben los de +7,00.

«En varias ocasiones —señala— los optometristas han creído que soy operado de cataratas, por las altas graduaciones que requiero, y se han asombrado al enterarse de que no es así, que mi hipermetropía siempre ha sido alta.

«Realmente no comprendo el por qué no hay cristales mayores a +7,00 si hay necesidad de ellos. No soy el único caso.

«¿Qué me hago yo sin los espejuelos que necesito? Me dan dolores de cabeza y otros trastornos. Lo peor es que me dicen que mi caso no tiene solución».

A Artemio: No creo que su caso, y el de otros cubanos como usted, no pueden encontrar la luz de una solución definitiva. En un país donde tanto se hace por las personas con discapacidad, ya sea visual, auditiva o físico motora, debe haber alguna alternativa que garantice esos aditamentos

Sé que ello requiere de erogaciones financieras. Y que, de la misma manera, no pueden regalarse prácticamente tales medios. Quizá se podría pensar en una fórmula o facilidades crediticias que garanticen la adquisición de estos medios tan necesarios a cualquier cubano con discapacidades. Es un asunto de larga visión, de oídos despiertos y de avanzar trechos en el camino.

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