No más pérdidas de arroz

El 4 de diciembre de 2011, Alcides Montoya, productor de arroz en el municipio de Bayamo, provincia de Granma, señalaba aquí que fueron cuantiosas las pérdidas del grano en ese territorio, por falta de cosechadoras en el momento requerido; de acuerdo con sus intercambios de opiniones con otros cosecheros.

Montoya no concebía que los planes de siembra y cosecha para una campaña fueran ejecutados después de la producción en la contienda precedente, cuando ya no había tiempo para prever y organizar bien.

Cuestionaba también el productor que, dado el conocimiento que tenían los funcionarios de la Agricultura sobre las producciones que se obtendrían, en fechas determinadas, se debió hacer un balance nacional de las cosechadoras oportunamente, y no cuando ya existía el margen a pérdidas en la producción.

«¿Por qué no mover la maquinaria a tiempo y en forma?, preguntó, a la vez que rechazaba la idea de que las pérdidas tuvieran que asimilarlas los productores.

Finalmente, Montoya afirmaba que no era fácil para los productores creer que Granma pudiera cumplir con el potencial arrocero previsto para el 2012; pues, de no haber perdido tanto arroz en la contienda precedente, estarían en mejores condiciones.

«El problema no es producirlo, sino cosecharlo», añadía, y concluía con una pregunta muy inquietante: «¿Produciremos arroz este 2012 o tendremos que importarlo?».

Al respecto, responde Lázaro Díaz Rodríguez, director general del Grupo Agroindustrial de Granos del Ministerio de la Agricultura. Y reconoce que «es lamentable ver cómo el arroz se pierde por falta de cosechadoras, y mucho más cuando las campañas del cereal deben ser organizadas, previendo los recursos disponibles…».

Admite el directivo que en el 2011 no se tuvo en cuenta las siembras a partir de la disponibilidad de cosechadoras y secaderos, por lo cual se crearon picos de cosecha con volúmenes superiores a las capacidades instaladas. Ello ocasionó la pérdida del grano en algunos casos, por cortarse fuera de parámetros; y en otros, por dejar que los propios campesinos lo cosecharan, secaran y después entregaran, sin retornar al Estado las cantidades pactadas.

Reconoce que los campesinos están realizando grandes esfuerzos por lograr las producciones contratadas; y al propio tiempo asegura que «una caballería de arroz, en la que se logran rendimientos regulares, deja ganancias de hasta cien mil pesos para el campesino; lo cual no justifica que por esta razón se deje perder el arroz que hoy tanto necesita el país».

Menciona en tal sentido que, si bien las cosechadoras hoy resultan insuficientes, ante una emergencia bien pudieran ser utilizados hoces y otros medios manuales por los productores.

Precisa que el país ha aprobado, y ya se está ejecutando, un programa arrocero que comprende todos los eslabones de la cadena productiva: siembra, atenciones culturales, cosecha, secado, molinado y destinos.

Dicho programa debe desplegarse entre 2012 y 2016, y se aprobó el financiamiento para comprar equipos agrícolas e industriales, los cuales serán puestos en función de la producción en la medida en que arriben al país.

Y concluye solicitándole a Montoya y al resto de los productores «que tengan confianza en que estamos trabajando por buscar la solución, lo más urgentemente posible, a sus justas preocupaciones».

Esperemos que ese voto de confianza se justifique en la realidad, si en este 2012 se asimilan lecciones recientes, y se organiza y planifica todo de manera que no se produzcan las pérdidas de arroz, una vergüenza para un país que depende tanto del grano.

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