Las velas de la negligencia

Un verdadero récord de desatención es la historia que cuenta Alberto Espinosa González, residente en Máximo Gómez No. 247, entre Coronel Montero y Amado Estévez, en la ciudad de Bayamo, capital de Granma.

Refiere el remitente que el pasado 15 de julio, la ciudad de Bayamo fue azotada en horas de la tarde por un violento evento meteorológico, con fuertes ráfagas de viento y lluvia que trajeron como consecuencia el derribo de árboles y afectaciones en los cables eléctricos, lo que ocasionó interrupciones de este último servicio por varias horas.

Producto de ello, apunta, se registró la torcedura de los cables que desde el poste exterior de la calle alimentan la casa de Alberto junto a la del vecino colindante. Y ello desencadenó un cortocircuito intenso, con llamas de fuego en el poste.

La avería fue inmediatamente reportada al 108, número habilitado para estos casos por la Empresa Eléctrica. Esperaron pacientemente, pues les informaron que la afectación en la ciudad había sido considerable. Y a las 9:30 p.m., ante el asombro de los vecinos, se restableció el fluido eléctrico, sin antes haber solucionado la avería reportada.

«Las consecuencias no se hicieron esperar, precisa Alberto. Todo aquello que en el momento de faltar el fluido eléctrico estaba encendido, explotó (ocho lámparas de 20 watt y seis bombillos ahorradores en las tres viviendas afectadas). Por suerte, por precaución se habían desconectado los equipos eléctricos. De no haber sido por esa medida lógica, usted puede imaginar cuánto destrozo se hubiera producido».

Además, la casa del vecino afectado, aun con el breaker desconectado, tenía corriente en algunas paredes, lo que motivó que tuviera que dormir junto a sus dos pequeños hijos, de dos y tres años, en una casa vecina. Y a pesar de insistir en el 108 acerca de la peligrosa situación, solo al siguiente día, a las 2:30 p.m., recibieron la visita del carro reparador.

Luego de los trámites pertinentes, se dio Con Lugar la reclamación, fijado en documento oficial Dictamen de Reclamación por Daños a la Propiedad.

El colmo es lo que sobreviene:

«Luego de transcurridos 42 días (del 15 de julio al 26 de agosto) —apunta Alberto— y de haber visitado en reiteradas ocasiones y solicitado la solución de lo afectado directamente con los compañeros de Atención a la Población, así como con Yusmel, director en funciones en ese momento, y agotados todos los recursos económicos posibles (se compran velas de ocho pesos diariamente), las viviendas permanecen en penumbras.

Agrega el lector que, como se ve a simple vista, fue una preocupante negligencia que pudo poner en peligro la vida de seres humanos y aún no se conoce qué medida se tomó al respecto con el o los responsables. «¿Hasta cuándo tendremos los afectados que seguir pagando las velas que la negligencia de otros nos hace encender día a día en nuestros hogares?», concluye.

Flujo invertido

Jonnes Vallejo (Primera Avenida No. 28, entre 1ra. y 7ma., reparto Nuevo Manzanillo, Manzanillo, Granma) distingue, como experimentado fumador, los cigarros Criollos que se fabrican en Villa Clara de los que, bajo la misma marca, se producen en Holguín.

Los primeros, en su consideración, tienen baja calidad, les falta relleno y las envolturas de nailon dejan bastante que desear por su soltura. Los segundos son todo lo contrario, aunque ocasionalmente puedan encontrarse muestras que no tengan la misma calidad.

El remitente se pregunta, cómo si se llama al ahorro de recursos y la racionalidad, en La Habana se venden usualmente los Criollos fabricados en Holguín, y es casi una odisea encontrarlos en la provincia de Granma, donde mayormente se expenden los producidos en Villa Clara.

«No hay que ser economista para darse cuenta de que eso amerita gastos de recursos importantes. Porque existe un flujo diríamos invertido: llevar los de oriente para occidente y viceversa. Es algo que plantée en una oportunidad en una asamblea de rendición de cuentas del Poder Popular, y nunca obtuve una respuesta.

«Cabe preguntarse: ¿No tenemos derecho a fumar un cigarro de calidad que, por demás, se fabrica a solo 70 u 80 kilómetros de nuestra provincia?».

 

 

 

 

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