Papeles de ayer y urgencias de hoy

Luego de una ausencia prolongada por cuestiones docentes y de índole personal, regreso al espacio de todos junto a José Alejandro Rodríguez. Vuelvo a pegar el oído al trillo de mis compatriotas.

La primera misiva de hoy es un S.O.S. que llega desde el mismo ombligo de Cuba, el caserío de Guaracabulla, en el villaclareño municipio de Placetas.

Allá, en calle Unión s/n entre Sábalo y Maceo, María Manuela Cartaya Gómez, veterana de 64 años, necesita ayuda cuanto antes. Resulta que en 2006, María fue sometida a una compleja operación quirúrgica para extirparle un carcinoma del seno izquierdo. Tras la intervención, que incluyó vaciamiento axilar, el brazo correspondiente le quedó con limitaciones y una comisión médica dictaminó invalidez parcial.

La remitente trabaja hace 14 años en la Escogida de Acopio y Beneficio del Tabaco R-15-CH, de la Empresa Tabacalera La Estrella, de Placetas, en una plaza de «despaladora». Esto es, según explica, quien se dedica a quitar las hojas del palo de tabaco y hacer gavillas.

Los despaladores laboran por ciclos, aclara la remitente, y una vez que estos terminan, se dedican a otras tareas en la escogida para seguir percibiendo algún ingreso económico. Pero ahora, en su condición, las cosas le han variado radicalmente. Aunque en la entidad la han ayudado y reubicado en varias labores, muy poco puede hacer en el tiempo que no está despalando.

«En mi centro de trabajo no hay plaza que se ajuste a mi discapacidad... Hice gestiones para que me jubilaran. Aunque anteriormente trabajé en la agricultura en Cultivos Varios de Báez (Placetas) y el complejo agroindustrial (CAI) Juan Pedro Carbó Serviá, lo hice por contrata desde 1977 a 1980; y ese tiempo no me aparece en el expediente laboral. Mi salud se ha ido deteriorando, se duele la villaclareña.

Desde que María trabajó en ellos, tanto Cultivos Varios como el CAI han experimentado cambios y disoluciones en parte de su estructura, y los papeles que acreditan el trabajo de la placeteña no aparecen.

Ella requiere con urgencia poder jubilarse y percibir al menos ese ingreso fijo mensual. Su veterano esposo está enfermo —limitado de la visión— y ambos aún pagan el refrigerador que les fue vendido a plazos.

Si la trayectoria laboral de las personas depende de papeles que atesoran las entidades estatales, ¿cómo pueden —al desaparecer o cambiar estas— extinguirse también los archivos, la única memoria? En Guaracabulla, una pareja de ancianos espera apoyo.

El hedor del desespero

La segunda carta de hoy viene desde el capitalino municipio de Playa. Allí, en la calle 23 No. 12211 bajos e/ 122 y 132, Jacqueline Morse-Coe Fundora, y un grupo de vecinos de 12 viviendas más acometen, desde hace dos años, una lucha contra los rebosaderos de aguas albañales y heces fecales que ya les «huele» a desespero.

El pozo absorbente antiguo de la zona está tupido, cuenta Jacqueline; por ello la fosa moura (también llamada fosa séptica) está al máximo de su capacidad y la instalación interior y los registros exteriores de las casas están sobrevertiendo.

En tantos meses de múltiples gestiones que detalla la misiva, solo han logrado que los compañeros de Cuba Hidráulica cavaran dos pozos absorbentes de 24 metros de profundidad en la calle, para poder realizar el entronque con la fosa moura.

«Acudimos al Gobierno del municipio a pedir ayuda; quedaron en dar respuesta que nunca llegó. En todas las asambleas de rendición de cuenta se ha planteado la situación…», evoca la remitente. Y añade que varios vecinos ya tienen tupición total y los tragantes de baños, fregaderos y registros están derramándose con peligro de contaminar el agua potable».

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