¿Hasta cuándo esperar?

Nunca he podido entender por qué son tan lentas y dilatadas las respuestas de ciertos organismos del Estado a las gestiones de los ciudadanos, sobre todo cuando de estas últimas depende el futuro de esas personas.

Me escribe el campesino Orlando Benito Puga, desde la finca Palmarito, en el barrio Portillo, del Consejo Popular 4, en Amancio Rodríguez, provincia de Las Tunas. Y su preocupación es que estén durmiendo en una gaveta lejana papeles decisivos para la manutención de su familia.

Cuenta Orlando Benito que durante más de 18 años él ha vivido y trabajado en la finca de su tío, quien falleció el 30 de mayo de 2007. Al mes siguiente, Orlando solicitó la declaratoria de herederos para poder legalizar las tierras a su favor y enrumbar todos los trámites con el Ministerio de la Agricultura.

En julio de 2008, refiere, lo declararon como único heredero, pues solo él ha estado viviendo y laborando durante todo ese tiempo. Pero ante esa resolución, sobrevino una solicitud de apelación y revisión por parte de otro familiar, desde noviembre de 2011.

«El problema radica —consigna el remitente— en que hasta la fecha no ha habido respuesta por parte del Ministerio de la Agricultura, según me responden los funcionarios de la Delegación en el municipio de Amancio.

«Hemos llamado por mediación de otras personas a Control de Tierras del Ministerio, y responden que desde junio de este año el asunto está en el Departamento Jurídico. A su vez, el Departamento Jurídico expone que ellos no tienen ningún asunto pendiente con más de 30 días.

«Por favor, tengo una familia que mantener. Trabajo todos los días de sol a sol, y no tengo remuneración, pues sin documentos no cobro ni un centavo. Es posible que los papeles duerman tranquilos en una gaveta, y yo estoy desesperado e indignado por tanta indolencia».

¿No ha llegado la rebaja?

Julio Rodríguez Nápoles escribe desde Calle 5ta. No. 17, entre A y C, Río Grande, en Mayarí, provincia de Holguín, para preguntar si por aquel municipio no llegan las disposiciones del Ministerio de Comercio Interior (Mincin).

Refiere el lector que hace unos dos meses se divulgó la rebaja de precios de la pasta dental, de 8 a 6 CUP la unidad. Sin embargo, allí en Mayarí sigue vendiéndose a 8.

«Mi esposa y yo nos enteramos al conversar telefónicamente con nuestros hijos, que viven en La Habana. ¿Es que acaso el precio de tan imprescindible producto para el aseo tiene precios diferenciados para cada municipio o región del país?», inquiere Julio, quien desea saber si el Mincin no informó adecuadamente a todos los territorios, o en su localidad no interpretaron correctamente la disposición.

A corazón abierto

William Ariel Medina (edificio 6, apto. 16, central José Martí, Artemisa) cuenta que su padre fue operado «a corazón abierto» en el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, en La Habana, y permaneció allí del 20 de septiembre al 18 de octubre pasado.

Si en Cuba costara esa intervención, no lo hubiéramos podido operar, señala William, debido al alto precio de todo en cualquier otro país: las pruebas, el tratamiento y la intervención.

William felicita al doctor José Antonio Rucabao, el cardiólogo que atiende a su padre desde hace 14 años. Y no puede olvidar tampoco a los doctores de la Sala A del tercer piso, encabezados por la doctora Sheyla.

«A todos les estaremos eternamente agradecidos: a los enfermeros con su jefa Teresa, a las auxiliares de limpieza, con un trabajo superexquisito, que resalta desde que entras a la sala; a las pantristas con su abnegación, a los cocineros… Para último, dejo al doctor Céspedes, cirujano que realizó la operación, y a todo el grupo que lo acompañó en la misma.

«Hoy mi padre Lázaro Félix Medina se encuentra recuperándose de la intervención quirúrgica», concluye el remitente, quien expresa sus deseos de que otros centros asistenciales de nuestro país emulen con el Instituto de Cardiología en mantener la organización, limpieza y afabilidad visibles en esta instalación capitalina.

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