¿Quién paga el daño?

Cuando el responsable del maltrato al cliente indemnice a este de su propio bolsillo, y le cueste el puesto o la plaza, no se verán casos como el sufrido por Noemí Roig, vecina de calle 43 No. 5847, apto. 1, entre 58-C y 60, municipio capitalino de Playa.

Cuenta Noemí que ella y una compañera de trabajo reservaron sendos pasajes en avión por Aerocaribbean, Habana-Camagüey, para el 20 del presente mes, a las 7:00 a.m. Para viajar, debían estar dos horas antes en la Terminal 1 (Vuelos Nacionales) del Aeropuerto José Martí. Llegaron ese día a las 5:30 a.m. Y fue cuando se enteraron que el vuelo se había postergado para las 9:00 p.m. del mismo día.

Les dijeron que a los clientes se les había avisado del cambio por teléfono. Como las dos viajeras no fueron alertadas, reclamaron. Y al buscar los datos de ambas recogidos por la empresa, comprobaron que el teléfono anotado no se correspondía con el que habían dejado al reservar.

«Nuestro caso no era único —afirma—, pues había otras personas en la misma situación, cuyos números de teléfono no se correspondían con lo anotado durante la reservación.

«Ni el trato recibido ante la situación, ni las vías para notificar cambios en la programación de los vuelos, dan muestra del respeto que merecemos los pasajeros, quienes estamos obligados a viajar por esa aerolínea. No tenemos la posibilidad de otra que vuele a las provincias orientales.

Noemí añade que existen compañías aéreas en otras naciones las cuales, ante fallas similares, compensan los daños causados al pasajero.

«En este caso, no queda claro cuál es la estrategia de Aerocaribbean. Al parecer, no les preocupa el estado de opinión que puedan generar sus actitudes hacia los pasajeros.

«Volvimos esa noche para hacer el vuelo a Camagüey, donde teníamos un compromiso de trabajo inaplazable. Pero no queremos quedarnos con los brazos cruzados, y ser cómplices de la ineficiencia, la principal piedra en el zapato de la mayoría de las entidades que brindan servicios en Cuba».

Que no es lo mismo, pero es igual…

Fue el pasado 27 de julio: alto voltaje en el transformador eléctrico que alimenta la vivienda de Addiel Reyes, en La Anita, Banes, provincia de Holguín, provocó la rotura de su televisor Krim-234, que despedía olor a quemado y un denso humo.

Esa noche, él llamó al Despacho de Interrupciones, y le dieron el número de reporte 44237. Al otro día, el carro de la Organización Básica Eléctrica (OBE) se personó en su casa. Y los técnicos comprobaron que el accidente provenía del alto voltaje, por problemas del transformador: imputable a la Empresa Eléctrica.

El 30 de julio Addiel reclamó en la sucursal eléctrica de Banes. Allí le hicieron expediente por rotura del televisor. El 1ro. de agosto recogieron el equipo y lo llevaron a Holguín, para el dictamen técnico.

A la semana, le dijeron que, según los técnicos de Holguín, al televisor le faltaba una espiga para verse. Addiel lo negó, pues antes del alto voltaje se veía y oía perfectamente, a pesar de sus años de explotación.

Posteriormente, le informaron que el receptor ya se oía, y trabajaban para que se viera. Una semana después, le informaron que el televisor estaba listo para devolvérselo. El cliente esperó, y al final le comunicaron que no traían el equipo, pues al probarlo solo se oía y no se veía; por lo cual lo dejaron allí hasta que le dieran solución.

Al fin el 20 de noviembre, tres meses y 20 días después de llevar el receptor a Holguín, le plantearon que no tenía arreglo. Y lo peor, no procedía la reposición del mismo pues era un fraude: no se veía ni escuchaba el equipo al registrarse el alto voltaje. «Ahora el mentiroso era yo, el afectado», añade Addiel.

Llamó al taller de Holguín y el Jefe le dijo que ese era el dictamen del técnico y él nada podía hacer. Que reclamara ante el Director de la Empresa Eléctrica a nivel provincial.

«Esta es la fecha en que aún no me han devuelto mi televisor, ni me han dado cara a cara una respuesta formal. Muestro mi total inconformidad con lo que alegan. Puedo probar con testigos que hasta el día del alto voltaje se veía y escuchaba perfectamente. No soy un mentiroso, y me siento desamparado, sin solución y sin, por lo menos, una respuesta honrada, digna de credibilidad y confianza».

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