Ruta crítica

A pesar de los complejos encargos que el día a día nos sitúa delante, hay seres que van por la vida haciendo del interés en los asuntos colectivos casi un acto de fe. Además de los disímiles frentes en los que seguramente se ha medido de tú a tú con la muerte a lo largo de numerosos años de experiencia, la doctora Sandra Martínez Sánchez quiere ganarle ahora otra pulseada a La Parca.

«Me anima a escribir a la sección una preocupación no solo como madre sino como médico residente de Epidemiología. Nuestra especialidad abarca todos los factores de riesgo que influyen en las poblaciones humanas, y por ello quiero abordar un tema relacionado con el entronque de la Cujae, en el municipio capitalino de Boyeros, donde se cruzan importantes arterias, un lugar con mucho riesgo para quienes tienen que obligatoriamente cruzar la vía, especialmente los jóvenes que se dirigen a dicha Universidad, casi siempre en horarios de máximo tráfico», nos dice la lectora, vecina de calle 243 No. 23403, reparto Abel Santamaría, en el referido municipio.

Precisa Sandra que «aquellas personas que vienen en ómnibus provenientes de Santiago de las Vegas y se bajan en la parada —que no posee un techo para resguardarse si llueve o en caso de ocurrir una de nuestras frecuentes tormentas veraniegas—, no encuentran un cruce peatonal o siquiera un tiempo programado en el semáforo que tenga en cuenta su paso.

«Si se decide cruzar cuando está la luz roja en una de las calles, no lo está en las otras y no existe una acera que permita detenerse a esperar. Sucede algo similar con quienes regresan de la Cujae y se bajan en dicho entronque, tanto los que viajan a La Habana o aquellos que van a Santiago de las Vegas y tienen que cruzar a la senda del frente en busca de la parada. En fin, es todo un reto cruzar ese trébol o maraña».

La doctora considera que todo lo anterior sume en tensión a no pocos viajeros. «Mi hija es estudiante de ese centro, y percibo que sus compañeros y profesores se sienten realmente estresados debido a esta situación, pues en la espera por pasar la calle se les van las guaguas que en los horarios pico se ponen bien difíciles. Por otra parte, están los accidentes que en todo momento los acechan; incluso cuando están parados, esperando para cruzar, pues no hay una acera, ni un espacio para hacerlo.

Y sopesando este factor de los accidentes —ahora mismo nuestra sociedad mira con preocupación el incremento de estos—, la doctora cierra su alerta: «Creo que debemos llamar la atención a los organismos encargados de estudiar y buscar soluciones a los flujos de peatones y autos que se producen en estas intersecciones peligrosas. Hablo como médico higienista escolar que he sido durante 17 años y ahora la especialidad de Epidemiología me hace reflexionar, sobre todo, ante riesgos modificables que beneficiarían a miles de personas de diferentes grupos etáreos».

La buena salud de una respuesta

Julio Rojas Medina, residente en el caserío Camilo Cienfuegos —a cuatro kilómetros de Morón, en Ciego de Ávila—, nos cuenta que hasta hace poco fue motivo de preocupación entre sus vecinos la falta de un médico de la familia, situación felizmente superada porque ya cuentan con una doctora.

Sin embargo, ahora les inquieta la asistencia de los especialistas para brindar consulta en esa comunidad rural.

«Tengo entendido —cuenta el lector— que cada 15 días deben venir para atender aquellos casos que constituyen especificidades y requieren una atención particularizada. Sin embargo, hace más de tres meses que no han venido —provocando que niños, ancianos y mujeres no reciban esa atención a menos que se trasladen al Hospital de Morón, lo que genera entonces otro rompecabezas, por las dificultades con el transporte—, y anteriormente la asistencia de los especialistas fue bastante irregular.

«Según refieren estos, no siempre disponen de medios para hacer el viaje, pero en una entrevista con el Director del Policlínico Sur este refirió que no existen dificultades con el transporte ni el combustible. La médica de la familia ha citado a los pacientes a nombre de los especialistas de acuerdo con los días en los cuales estos tenían planificado venir, y la espera ha sido de varias horas sin llegar nadie ni recibir más respuesta», comenta Julio, quien termina preguntando:

«¿Qué es lo que ocurre realmente? ¿Por qué no asisten los especialistas a nuestro consultorio rural?». Y sería saludable que los vecinos de Camilo Cienfuegos reciban una esclarecedora contestación. Como los buenos remedios, la información dada a tiempo también previene y sana.

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