Pienso que te pienso…

En la base del esfuerzo nacional por llevar más alimentos a la mesa aparece el contrato como una figura indispensable, que puede dinamizar más la gestión del productor privado, pero solo si se reverencia cada compromiso, por pequeño que este sea.

El 7 de octubre de 2012 Nelson Ovalles (Calle 76 No. 16, entre 71 y Frank País, Manatí, Las Tunas) vendió a la empresa porcina Mártires de Manatí un cerdo de cien kilogramos. Como el contrato exige, pagó el cinco por ciento a la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), y el tres por ciento a la cooperativa de crédito y servicio a la cual pertenece. Y pagó el pienso que le debe suministrar la empresa, a razón de tres kilogramos de ese alimento por cada kilogramo de carne de cerdo.

Desde ese 7 de octubre, Nelson y sus familiares les han preguntado en varias ocasiones a los de esa entidad cuándo van a cumplir con la entrega del pienso y con el contrato. Y las respuestas no le suenan convincentes.

A duras penas, el 8 de enero pasado le entregaron 113 kilogramos de los 285 que le corresponden. Y le dijeron que era responsabilidad de ellos entregarle el faltante. Pero el 7 de febrero pasado, cuando Nelson escribió, no habían cumplido su palabra en ese sentido.

«Sin ese producto —apunta— corro el riesgo de que se me contamine lo que me han dado. Además, desde que entregué el cerdo, en varias ocasiones ha entrado comida, lo que siempre me dicen un cuento distinto. Si yo cumplí con la parte del contrato, pagué los impuestos que se me exigen, ¿por qué todavía no me han dado un producto que es mío? Mi objetivo no es que se justifiquen, lo que quiero es que me paguen lo que me deben ¡ya! ¿Donde está la responsabilidad de los compañeros que dirigen la entidad?».

Respuesta harto vieja

El 12 de enero de 2012, Fidel Juan Vega cuestionaba aquí por qué se hace tan difícil alcanzar un ejemplar de Granma, Juventud Rebelde o Trabajadores en los estanquillos de la capital, y tiene que adquirirlos «por la izquierda» a sobreprecio en la calle, a quienes los acaparan en las colas y los revenden.

Fue el 31 de enero de 2013 que llegó a mis manos la respuesta de Airlyn Simón, especialista de Atención a la Población de la Dirección Territorial Habana Centro de Correos de Cuba. La misiva aparece fechada el 24 de enero de 2012. ¿Por qué demoró más de un año en llegar?

Entonces, Airlyn manifestaba que en ocasiones existían irregularidades en el horario de salida de la prensa del Combinado Poligráfico Granma, en la capital, donde se imprimen esos periódicos.

Precisaba que diferentes causas, ajenas a Correos de Cuba (el distribuidor), relacionadas con demoras en el horario de tirada de los periódicos, incidían negativamente en la llegada de la prensa a los correos y estanquillos de venta.

Desde 2011 —aducía— Correos de Cuba, el Poligráfico Granma y Trasval adoptaron de conjunto un grupo de medidas organizativas y de control interno para perfeccionar el proceso de carga, transportación y distribución de la prensa, y limitar al máximo posible el desvío y venta ilícita de periódicos. Y por dificultades objetivas en la transportación de la prensa desde los correos hasta los estanquillos —argüía—, había quiosqueros que la recogían directamente en las agencias de correos, acompañados de personas que los ayudaban en esos menesteres.

Por ello —manifestaba—, en los correos de la División Territorial Habana Centro se adoptaron medidas organizativas y de control interno para limitar la venta ilícita de la prensa por los revendedores.

Reconocía que en la capital hay personas que esperan desde temprano la prensa en los estanquillos y hacen colas reiteradamente para adquirir varios ejemplares y revenderlos a precios superiores.

«Es una realidad que persiste, y rebasa a Correos de Cuba, pues tiene su origen objetivo en el hecho de que la demanda del periódico, en particular del Granma, está por encima  de las cifras de ejemplares que hoy el país está en condiciones de producir. En los años 80 esa cifra superaba los 700 mil ejemplares diarios; y hoy solo alcanza el medio millón, de los cuales el 80 por ciento va a manos de suscriptores estatales y particulares, y solo el 20 por ciento se vende a la población», concluía Airlyn, al tiempo que lamentaba las molestias ocasionadas en tal sentido.

Es tan vieja y desactualizada la respuesta, y tan similar la situación de la venta de los periódicos en La Habana, que nos quedamos en las mismas. Sin saber.

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.
Multimedia
Videos
Fotografía
Opinión Gráfica

Opinión Gráfica