El dilema de Oscar

El granmense Oscar E. Sánchez Martínez (calle Luis Ramírez López No. 29, e/ Olo Pantoja y Freddy Paneque, Rpto. 13 de Marzo, Jiguaní) está ante una situación que no sabe cómo solucionar: es un hombre diez años más joven. El pequeño detalle es que para Oscar esto no constituyó un triunfo, sino una desgracia que le puede costar, a estas alturas, jubilarse cuando ya no tenga fuerzas para nada.

Según narra el remitente, nació el 23 de octubre de 1949, pero fue inscrito el 23 de octubre de ¡1959! Es el hijo mayor de Oscar Sánchez Mendoza y Asela Martínez Martínez, el primer fruto del primer matrimonio de su padre, quien se casó dos veces y tuvo siete hijos más. «Ahora resulta que siendo el mayor, en los papeles de inscripción soy el menor», se duele.

En el bufete colectivo del municipio Jiguaní —relata— comenzó los trámites legales para enmendar este problema; buscó los documentos que le solicitaron, sellos y la inscripción de nacimiento de todos sus hermanos, padre y madre, así como varios testigos del barrio en que nació y pueden dar fe sobre su verdadera edad.

Entre las pruebas que aportó Oscar se encontraban las referidas a su estancia en el Servicio Militar Obligatorio, desde 1965 hasta agosto de 1968, en Santiago de Cuba. También las de su vida laboral, que comenzó en septiembre de 1968 hasta la fecha. En su expediente de trabajador constan 39 años trabajados, refiere el lector.

Pero, «en cuanto al caso jurídico en el municipio se dictaminó que no procedía», y según la abogada que trató el asunto, ella presentó la apelación al Tribunal Supremo y el resultado había sido el mismo, evoca el doliente.

¿Qué otra cosa tengo que buscar?, inquiere este granmense. «Estos diez años que ahora no constan pesan; si no resuelvo esto mi retiro será para cuando tenga más de 70... si es que la salud me acompaña», finaliza.

Si con las pruebas aportadas no se logra enmendar lo que parece un error, ¿qué otra gestión puede hacer un ciudadano para aclarar una situación como la descrita? Ante un caso tal, ¿prevé la legislación cubana otra variante de atención? ¿Puede algún experto o institución proporcionarle a Oscar o a lectores en situación similar esas coordenadas? ¿Quién aclara esta historia?

Muladar al aire libre

Dulce María Carrillo Oliva no se cansará de alertarlo: mientras la limpieza no señoree en las ciudades, con medidas concretas que la garanticen, de poco valdrán tantos esfuerzos en materia de salud pública y mensajes de bien social. Los coches de caballos en medio de la urbe y el estiércol de estos nobles animales disperso en la vía, es un asunto que ha recalado varias veces en Acuse.

Sin embargo, según comenta esta lectora, ya no se trata solo de eso, sino que también algunos cocheros inescrupulosos arrojan las heces de sus bestias en la proximidad de solares particulares, «como sucede frente a mi hogar, situado en la fatídica calle Cuba (No. 390), entre Carbó y Dositeo, Holguín», afirma.

«Se hacen programas radiales y televisivos donde se habla de la higiene de la ciudad, como el espacio Con todos, que transmite Telecristal los viernes y sábados a las 7:30 p.m., pero ¿por qué siguen pasando estas cosas? ¿Es que no hay posibilidad de ponerles fin?», cuestiona la lectora.

La bondad nunca es pequeña

Miguel Ángel Hernández Méndez (calle Frank País, Edif. 4, Apto. 5, Unión de Reyes, Matanzas) presenció la escena y no quiere que quede solo en sus pupilas. Mientras viajaba en un camión de pasajeros de San Antonio de Cabezas hasta Matanzas, una joven estudiante de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Juan Marinello comenzó a manifestar síntomas de fatiga.

Otro joven, alumno extranjero de Medicina, se movió como un relámpago y, con el vehículo en plena marcha, le tomó la tensión arterial a la muchacha y la auxilió en tan agudo trance.

Miguel Ángel cree, como nosotros, que esos pequeños grandes gestos de la bondad cotidiana no deben ser pasados por alto. Lamentablemente no pudo averiguar el nombre del futuro galeno, pero si lee estas líneas sabrá cuánto impactó su actitud.

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