Fiambre

Durante el 2012 esta columna reflejó varias inquietudes de consumidores cubanos acerca de desabastecimientos de productos en el mercado y problemas de precios, las cuales requerían en su momento las respuestas oportunas y esclarecedoras del Ministerio de Comercio Interior.

He aquí que el pasado 25 de abril se recibieron en lote, y con desmedido atraso con respecto a la fecha de publicación de las cartas, escuetas y casi telegráficas respuestas de Reina Manfugá Oviedo, de la Dirección de Protección al Consumidor del Ministerio de Comercio Interior.

La primera queja se publicó el 10 de mayo de 2012, a nombre del habanero Jorge Cuesta Rodríguez, quien alertaba entonces que hacía dos semanas en los rastros de la capital había desaparecido el cemento en venta, que ya se expendía de manera liberada. A la súbita escasez —agregaba— se le sumaba la ausencia de información sobre las causas de tal situación.

Al respecto, responde ahora Manfugá que «en el momento de la queja, la producción de cemento no satisfacía las necesidades de la población. Actualmente la industria se encuentra recuperada, y existe la presencia del cemento a granel y en saco».

La segunda y tercera denuncias, publicadas el 26 de mayo de 2012 y el 12 de junio de 2012, de las capitalinas Sonia López Laza y Aleyda Pérez Rojas, respectivamente, abordaban inquietudes sobre la desaparición en el mercado por aquellos meses de las frazadas de piso, así como de irregularidades que se generaron en su venta cuando comenzó a reaparecer ese producto en el comercio minorista.

La respuesta de Reina, para ambas cartas, es la misma: «La situación existente se debió al incumplimiento de la industria, así como el atraso en la importación planificada de este producto. Existe un programa de acciones con el objetivo de recuperar la estabilidad de este renglón, y su comercialización debe restablecerse paulatinamente».

Y como si ya con ello cumpliera con estas dos ciudadanas que aquí mostraron sus inquietudes, concluía: «El 13 de agosto de 2012 se publicó un escrito por el periódico Trabajadores aclarando esta situación, además de tratarse en otros medios de prensa».

La cuarta misiva, a nombre de Oscar de Luis Góngora, residente en la ciudad holguinera de Moa, se publicó el 10 de junio de 2012, y cuestionaba por qué, a partir de que se decidió vender liberadamente productos de aseo en todo el país en CUP, en esa localidad industrial prevalecía un desabastecimiento sistemático, al punto de que los revendedores hacían de las suyas y controlaban prácticamente la venta de los mismos a precios especulativos.

La respuesta en lo tocante es: «El desabastecimiento de productos de aseo que existió en la provincia fue debido a que la oferta no satisface la demanda de la población, lo cual se agravó en el mes de agosto por no existir jabón de línea económica y detergente en polvo en la red de divisas. Y para cubrir la demanda en los meses que quedaban de 2012, se requirió 200 toneladas de jabón de lavar y 260 toneladas más de jabón de tocador. Se requiere por parte de la industria incrementar la producción».

La quinta queja, a nombre del habanero Oscar Vega Martínez, se publicó aquí el 6 de julio de 2012. Él refería que en enero de ese año había adquirido un colchón al precio de 1 900 pesos en la tienda Capricho, de Guanabacoa. Y ya en abril, el mismo producto se ofertaba a 2 120 pesos en la tienda 30 Aniversario, de Regla. Oscar no entendía la variación y pedía una explicación de ello.

A propósito, responde Reina que «según la resolución emitida por el Grupo Comercializador de Productos Industriales y de Servicios (Resolución 137 de 2011), ese producto colchón de espuma camero tiene el precio aprobado de 2 120 pesos. Existen otros colchones de espuma, tipo personal, a 750 pesos».

¿De qué manera pueden ayudar respuestas tan morosas y ya fiambres? En su momento era que esos ciudadanos necesitaban explicarse las razones de tales irregularidades, y con mayor profundidad. Así no se puede proteger al consumidor de ninguna manera.

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