Afectado y desatendido

Rogelio Eduardo Febles (Rafael de Cárdenas No. 22-A, apto. 1, entre Desamparado y Amistad, Guanabacoa, La Habana) sufre lo que ha hecho impunemente la Empresa de Comercio y Gastronomía de ese municipio.

Relata el remitente que vive en ese apartamento desde 1987, y hace más de tres años dicha entidad, cuya sede colinda con su casa, decidió remozar tal edificación. Tumbaron el techo de ese inmueble, de construcción antigua, lo que trajo como consecuencia el daño a la pared del segundo cuarto de la vivienda de Rogelio, que está manchándose de humedad.

Entonces, el Director Municipal de Comercio, hoy miembro del Consejo de la Administración Municipal, manifestó que toda pared dañada se remozaría, y con ello se evitarían las filtraciones que ahora lo afectan a él y a su vecina de los bajos.

Rogelio ha planteado tal cardinal asunto al Delegado de la circunscripción, y no ha recibido respuesta al respecto. Y en estos días de fuertes lluvias, ha aumentado su preocupación por esa pared.

«Quiero arreglar mi apartamento —señala—, pero hacerlo en tales condiciones sería como echar agua en canastas. Solo les he pedido a los compañeros de esa empresa que repellen y resanen lo que me dañaron, para poder arreglar mi casa.

«He sacado mis propias conclusiones: lo que sucede fuera de esa empresa, a sus vecinos y en la comunidad, a esa entidad no le interesa. “Que se las arreglen como puedan”, parecen ellos decir», concluye Rogelio.

Sin respuesta

René González Correa (Calle 30, El Cayo, Los Cocos, Candelaria, Artemisa) es un campesino integrante de la cooperativa de crédito y servicios fortalecida (CCSF) Antonio Maceo, que está sufriendo por algo que considera injusto.

Refiere el remitente que el 28 de septiembre de 2012 le planteó al Presidente de la CCSF que tenía dos vacas enfermas, por lo cual ello afectaría la producción de leche de octubre y cumplir los compromisos de entrega al Estado.

El 21 de noviembre —relata—, lo visitó el Jefe de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT) —suponemos que sea a nivel municipal—, quien le planteó que tenía instruido, por el Delegado Municipal de la Agricultura, ponerle una multa de 2 036 pesos con 40 centavos y comunicarle que, en su condición de propietario del ganado, debía moverse para la solución del problema.

René vio al Presidente de la CCSF en presencia del Delegado Municipal de la Agricultura. Y al reclamar al Delegado Municipal, este manifestó que debía tramitarse con el Delegado Provincial de la Agricultura. Y que, no obstante, él iba a llevar la reclamación.

Al ver la pasividad con que era atendido su reclamo en el territorio, René decidió ir a la Delegación Provincial de la Agricultura. Y allí, el Jurídico le dijo que no tenía derecho a nada, pues su reclamación llegó fuera de término.

René conversó con el Delegado Municipal de la Agricultura, quien le respondió que no era cierto, que él había entregado la reclamación en tiempo establecido. Además, fue a la Delegación Provincial de la Agricultura, distante a 35 kilómetros, mas no pudo ver al Delegado.

A partir del impago de la multa, citaron a René en la ONAT, advirtiéndole que de no pagarla pasaría a Tribunales. Pero el campesino no ha tenido respuesta a su inquietud.

Analizando lo que le ha ocurrido, el agricultor se pregunta: ¿Con quiénes contamos para solucionar los problemas que aquejan a nuestra población? «Los campesinos del municipio aseguramos más del 70 por ciento de la alimentación del pueblo. Hoy el combate tiene que ser dirigiéndose a aquellas personas que, lejos de estimular la producción de alimentos, frenan y desalientan a los campesinos».

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