El oxígeno del bien

Hay personas que solo perciben las sombras de nuestra realidad, y muchas veces no tienen ojos para distinguir la luz del bien y la bondad. Es que el mal se anuncia demasiado, es escandaloso y altisonante, mientras que el bien por lo general se hace en silencio y con suma humildad.

Pero todos los días alguien apuntala lo mejor del ser humano, en medio de múltiples dificultades y contrariedades. Por eso, hoy me hago eco solo de gratitudes y noblezas.

María Julia González Pérez (Calle D No. 509, apto. 8, entre 21 y 23, Vedado, La Habana) es una madre muy agradecida del excelente servicio que recibe su hija, paciente que sufre de asma bronquial de tercer grado, por parte de quienes están a cargo de distribuir los balones de oxígeno a domicilio.

Cuenta María Julia que durante ocho años su hija, Danelyz Llanes González, imposibilitada de asistir a centros hospitalarios para recibir el servicio en cuestión, ha podido contar con el oxígeno vital dada su condición, en un plazo no mayor de 24 horas a partir de su solicitud.

Destaca en esta noble labor la amabilidad y rapidez con que atiende las solicitudes la compañera Yasmina Gómez Cárdenas, del Departamento del Ministerio de Salud Pública que atiende directamente dicha gestión tan humana, de vida o muerte.

Y resalta a todos los que hacen posible ese oxígeno salvador, sobre todo «aquellos que, sin escatimar alturas, se echan sobre sus hombros esos pesados balones en gesto heroico.

«Heroico —precisa— no por el esfuerzo físico y el cansancio que generan, sino por el contenido netamente humanitario que lleva implícito. A todos ellos mi más sincero reconocimiento y agradecimiento».

La cesárea salvadora

La Clínica Veterinaria de Carlos III, en la capital, ha sido motivo de señalamientos reiterados por las difíciles condiciones y los escasos recursos que le deparan instancias administrativas superiores para atender su objeto social.

Pero siempre los dueños de los animalitos «pacientes» ven más allá de lo aparente, y destacan la profesionalidad y el afecto con que son tratadas allí esas criaturas, a contrapelo de tantas limitaciones materiales.

Niurka García Casañas (Avenida 91 No. 8410, entre 84 y 86, Alquízar, provincia de Artemisa) cuenta que el lunes 3 de junio, a las 4:30 p.m., llegó a esa clínica con Cuca, la perrita pequinesa de la familia, que estaba embarazada.

Y es que por parto fisiológico solo pudo nacer un cachorro. Ya el segundo había fallecido, y lo mismo podía ocurrirle a un tercero o quizá a un cuarto… Desesperada, Niurka hizo el viaje desde Alquízar hasta la Clínica de Carlos III. Asegura que fue recibida con el mayor de los amores por la persona que organiza y da entrada al lugar.

Ya Cuca en camilla, hicieron maniobras y fue atendida con mucha devoción. Se decidió dar un compás de espera de media hora para ver cómo evolucionaba la situación.

Cuca ya no tenía fuerzas y su dueña sufría. En una decisión sabia, y haciendo gala de manos ligeras, el doctor Alian Osorio y el colectivo asistente se decidieron por la cesárea y pudieron salvar los dos perritos que ya casi morían en el vientre de la madre.

«Allí, donde el amor y la entrega son apenas los medios de trabajo, si tuvieran un poco más de recursos darían una atención de excelencia, pues tienen amor a su profesión, deseos de trabajar y de servir a la población que llega a ese sitio con sus mascotas. Ante tantas situaciones complejas, dan lo mejor de su corazón.

«Hoy Cuca la Pequinesa está feliz con sus tres cachorritos, y mi familia les agradece tanto amor y entrega al colectivo de esa clínica veterinaria», concluye Niurka.

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