Teléfono… ¿de quién es el derecho?

Muchos de los entuertos que día a día atravesamos pasan por la ausencia de cultura jurídica a nivel de familias, instituciones y sociedad en general. Por ello, cuantas iniciativas se emprendan en aras de erradicar estas lagunas —pienso, por ejemplo, en el programa televisivo Al Derecho— hay que aplaudirlas y ampliarlas.

Traigo a colación la idea tras leer la misiva de Elena Chepkina (Carretera a San Germán, kilómetro tres y medio, Comunidad 26 de Julio, bloque 8, apto. 24, Holguín), quien escribe para narrar una penosa situación por la que atraviesan su hija y el padre de esta, residentes en calle Coronel Montero No. 255, entre Alfredo Utset y Capotico, Bayamo, Granma.

Según cuenta Elena, su hija y el papá son propietarios de la vivienda ubicada en aquella dirección de Granma, donde además convive la madre del papá (abuela de la joven). Dos meses antes de escribirnos —refiere—, falleció el esposo de la abuela de la joven, que también residía en la vivienda granmense, y era propietario del teléfono del hogar.

Unas semanas después del deceso —explica la remitente—, un día el aparato se quedó sin servicio. «Al acudir (la hija de Elena) a Etecsa para informar de lo sucedido, le explicaron que se había presentado el hijo del señor fallecido (este vive en La Habana) y había hecho la reclamación, por lo cual la línea del teléfono se le había transferido a él».

Añade la lectora holguinera que también en Etecsa le comunicaron a su hija «que estaba establecida la entrega del contrato (del servicio telefónico) al primer reclamante que se presentara con el certificado de defunción, y ya que el hijo había sido el primero, se le hizo el traspaso».

Acto seguido —evoca la remitente— se presentó el caso ante un abogado de Bufetes Colectivos, pero surgió la imposibilidad de darle seguimiento, ya que la viuda del señor (abuela de la joven) tiene demencia y no puede reclamar por sí misma.

Ahora el papá de la hija de Elena se encuentra en los trámites legales pertinentes para poder representar a su mamá, quien además padece de otras enfermedades como asma bronquial y mal de Párkinson.

«Nos preguntamos: si el contrato del teléfono se hereda sin que exista ningún testamento, ¿quién es el primer heredero: la viuda o el hijo? Por favor, ayúdennos a esclarecer esta situación», solicita la holguinera.

Albañales en la calle

Norelys Cuesta Sarduy (calle Montreal No. 156-A, e/ Aserradero y 5ta., en el reparto La Zambrana, Camagüey) ya no sabe qué hacer con la fetidez que circunda su hogar. «Desde el 17 de febrero de 2013 estoy afectada por una tupición de aguas albañales y heces fecales en mi patio», se duele la agramontina. Y cuenta que lo informó de inmediato a las autoridades de Acueducto y Alcantarillado de su distrito, quienes se presentaron a finales de marzo, pero cuya gestión no tiene aún resultados palpables.

El asunto se agravó al ser perjudicadas otras viviendas de la zona y se decidió hacer una zanja y sacar a la calle las aguas negras, refiere la remitente. En varias oportunidades —afirma— se han reunido frente a su casa para valorar la situación compañeros de las instituciones que debían solucionar definitivamente el asunto, pero de respuestas nada.

«La delegada de mi circunscripción y la presidenta del Consejo Popular Garrido Caridad también están bien informadas y tampoco hay solución. Me he dirigido a la radio provincial en varias ocasiones, al programa Meridiano, con reportajes y fotos de los periodistas que han asistido», detalla la camagüeyana.

En su núcleo familiar vive un niño de dos años. ¿Cuánto más se expandirá el problema?

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