Responden por apartamento mal terminado

El pasado 24 de abril relaté aquí la historia de la doctora Omay Roselló, vecina del reparto Victoria, en la ciudad de Las Tunas. Una penosa historia de una médica con 20 años de labor y una misión en la hermana República de Venezuela.

Contaba ella entonces que en 2005 se le informó que le habían otorgado el derecho a una casa. Tras varios años de espera, el 6 de abril del presente año fueron convocados ella y otros 11 colaboradores cuyas casas se edificaban en el reparto Carlos J. Finlay.

En dicha reunión, el jefe de Inversiones del Grupo Empresarial de la Construcción en Las Tunas les orientó mudarse lo antes posible, pues el edificio fue concluido en noviembre de 2011, y el Estado invertía dinero en su protección.

Contaba Omay que el 9 de abril pasado la contratista de la Construcción, Miriam Serrano, les comunicó que ella no había dicho que el edificio estaba concluido, pues faltaban detalles, y el mismo se entregaría el 13 de abril, día en que se volvió a posponer la entrega del mismo para el 19 del propio mes. Y el 19 de abril, la doctora descubrió allí numerosas irregularidades.

La puerta del apartamento estaba hecha con pino verde y tenía problemas para cerrar bien. Las puertas interiores, de cartón prensado, con abolladuras, por la falta de puntillas y pegamento. Las persianas plásticas, muchas sin pasadores. Falta de tomacorrientes. Las llaves de los fregaderos artesanales. Las paredes de un cuarto y la cocina cuarteadas. El tanque de la taza sanitaria sin tapa. Las puertas más grandes que los marcos, y rebajadas con chapucería. Así, la remitente se negó a recibir la vivienda.

Al respecto, responde Luis E. Brito Jiménez, jefe del Grupo de Atención a la Población del Ministerio de la Construcción, que al edificio en cuestión, concluido en noviembre de 2011, le faltaban detalles que quedarían resueltos toda vez que los moradores ocuparan sus apartamentos, «dado a que la provincia ha vivido malas experiencias en cuanto a la terminación de edificios, que posteriormente son saqueados al no mudarse sus dueños; por lo que los moradores debían ocupar sus apartamentos, y los detalles que existían quedarían solucionados en la medida en que se produjeran las mudanzas».

Precisa que no faltan tomacorrientes, pues están colocados los que se planificaron en el proyecto, y señala que las llaves del lavadero no son artesanales, y son las asignadas.

Concluye que los albañiles siguieron las grietas de la pared que la Doctora expresa, y rompieron la trayectoria de la misma, demostrando que el panel no tenía fisuras, sino que las grietas eran propiamente de la masilla que se le aplica al panel pare mejorar su terminación.

Sí reconoce que en las construcciones de ladrillos, como closets y paredes de baño, había grietas, las cuales fueron solucionadas. Y reconoce que el tanque de la taza sanitaria estaba sin tapa.

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