¿Tiene que ser en la capital?

Lourdes Díaz Moya (calle 1ra., No. 2, entre 22 y Capitán Urbino, Reparto Libertad, Holguín) es la abuela de una niña de ocho años, Melany María Peña Díaz, nacida en España, a la cual se le están haciendo los papeles con Inmigración para su residencia y ciudadanía cubanas, que están en proceso.

La abuela fue a la Dirección Provincial de Educación en Holguín con los documentos de Inmigración, para matricular a la menor en el sistema nacional de enseñanza. Allí le explicaron que debe llevar a la niña a la capital para someterla a una prueba de nivelación en Educación.

Lourdes explicó que ella es una persona mayor y enferma, y que su economía tampoco le permite hacer ese viaje, engorroso de por sí, pues no tiene familiares en La Habana y el hospedaje le resultaría muy costoso.

Mientras tanto, la pequeña permanece sin ir a la escuela. La abuela considera que podría enviarse la prueba de nivelación desde la capital, para que se le pueda realizar a la menor en Holguín. Y en caso de que tenga que ser calificada por un tribunal central en La Habana, ¿sería tan engorroso que se enviara la prueba sellada a la capital?

Quien está perdiendo tiempo para su desarrollo escolar es la niña.

Todo por un alicate

Da pena contarlo aquí. Puede parecer una cominería, pero es algo muy serio lo que narra Helio Vitier Báez (Edificio 1, apto. 4, Buey Arriba, Granma).

Refiere él que su esposa es diabética y debe acudir sistemáticamente a la sala de rehabilitación del policlínico de esa localidad, y aunque allí la atención es excelente, el equipo de Podología del centro asistencial no cuenta hace años con un alicate especial para el corte de las uñas de los diabéticos. Además, hay dificultades con los bisturíes.

Señala Helio que en febrero de 2012 escribió a un órgano de prensa escrita (no especifica cuál) y al siguiente mes le respondieron de allí que su carta había sido reenviada al Ministerio de Salud Pública.

En abril de 2013 le visitó un funcionario de Atención a la Población de Salud Pública en el territorio. Y su explicación fue que efectivamente en Buey Arriba no hay un alicate para podología; el que existe es particular. Pero le aseguró que tomarían medidas.

Hace poco más de un mes, retornó el funcionario para informarle que se habían tomado medidas y se enviaría lo necesario.

Pero el 5 de octubre pasado, cuando me escribió Helio, continuaban en Buey Arriba sin el dichoso alicate. «Algo siempre se resuelve, manifiesta, pero los pacientes que deben trasladarse desde zonas intrincadas en las históricas montañas, y casi siempre a pie, no pueden recibir la atención por no haber un alicate para Podología».

Sin compasión

Eddy Tassis (calle B No. 57, entre Central y Línea, Santa Cruz del Sur, Camagüey) sembró hace 20 años frente a su casa un algarrobo de jardín que pensó le acompañaría de por vida.

El árbol creció y, cada dos años, se podaban las ramas que pudieran alcanzar las líneas eléctricas. La sombra que brindaba a vecinos y transeúntes era una delicia ante el implacable sol caribeño.

Pero el pasado 15 de octubre se presentó un brigada de la Organización Básica Eléctrica (OBE) municipal atendiendo a una solicitud de poda. Y el jefe de la misma fue terminante: dijo que tenía orden de tumbar el árbol completo, así sin contemplaciones, narra el lector.

Eddy le argumentó que con solo desmochar las ramas que pudieran afectar el tendido eléctrico no había necesidad del corte total del árbol. Pero como traían una motosierra se produjo el ecocidio. «Hicieron un desguace casi completo de la mata sin hacer caso a mis planteamientos».

A Eddy le arrancaron de un tirón 20 años de verdor y de noble sombra. Él sigue preguntándose, ante el esqueleto del algarrobo, «¿cómo puede ocurrir esto si el Estado, en sus planes forestales, promueve la siembra de árboles frutales y maderables, que ofrezcan sombra y mejoren el medio ambiente?».

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