Racional es también que estén a tiempo

El 20 de noviembre de 2013 reflejé la inquietud de Raúl Paz Silva, de Santo Domingo, provincia de Villa Clara, acerca de ciertas medidas entorpecedoras con respecto a la venta de los llamados medicamentos controlados o por tarjetón.

Contaba Raúl que el 12 del propio mes se presentó en la farmacia sita en Carretera Central, en esa localidad, para adquirir los medicamentos de su madre y suyos, controlados por tarjetón, y la empleada le dijo que tenían existencia de los fármacos, pero no podía despachárselos, pues su anterior compra de los mismos la había hecho el 25 del mes anterior. Debía esperar al mismo día de noviembre; era lo establecido.

Raúl le argumentó a la empleada que las fechas en que anteriormente le habían vendido los medicamentos controlados habían sido diferentes en cada mes, y que a esa propia farmacia había tenido que acudir hasta tres veces, por falta de algún fármaco que no había llegado.

Señalaba además en su carta que si esa carencia se mantiene, no le resarcen retrospectivamente al paciente los días en que faltó el medicamento, aunque haya tenido que recurrir a alguien que se los facilite anticipadamente y en carácter de préstamo.

«Si mensualmente nos corresponde una determinada cantidad de medicamentos, ¿por qué tengo que adquirirlos un día determinado si hay en existencia?, cuestionaba Raúl. Y acotaba que, ante sus inquietudes, la empleada le respondió que debía cumplir lo establecido.

En la Dirección Municipal de Farmacias, dos funcionarias le argumentaron al remitente que, si había adquirido los medicamentos prescritos el 25 de octubre, se suponía que le alcanzaran hasta el 25 de noviembre, y ello evita el acaparamiento.

El lector alegaba que eso era imposible, en tanto no siempre los medicamentos llegan el día que corresponde. La glibenclamida y el captopril han faltado a veces por más de 15 días. Si el 25 no los hubiera, ¿pierdo los medicamentos, ya en el cierre del mes? Y la respuesta fue que sí, pues no hay reposición retrospectiva.

Al respecto, responde el doctor Rafael Ibáñez Azán, director de Salud en la provincia de Villa Clara, que se contactó con el paciente y se le explicó el procedimiento del Programa Nacional de Medicamentos y «el por qué de esas acciones, las cuales ayudan a fomentar un uso racional de los fármacos por la población», así como a «evitar acaparamientos y su uso indebido».

Agrega el doctor que «se comprobó, al revisar su tarjetón, que Raúl es muy disciplinado en el momento de adquirir los medicamentos, y por lo regular en fechas cercanas al día de la última compra en el mes precedente. Además, en todos los casos se le dispensó el cien por ciento de su tratamiento mensual».

Y aunque Ibáñez manifiesta que el paciente se sintió satisfecho con la explicación y comprende las consecuencias que puede traer la venta del medicamento de forma retrospectiva o con mucha lejanía a la fecha de la última compra, este redactor, que consume un grupo de fármacos por tarjetón, además de agradecer la respuesta, se queda con dudas.

Comparto el criterio de que el paciente debería adquirir sus medicamentos en una misma fecha cada mes, y no anticipadamente, para evitar acaparamiento de los mismos. Esa medida sería muy lógica y racional siempre que el llamado «tarjetón» garantizara la adquisición en tiempo de esos fármacos que, por lo general, son de consumo diario e inaplazables, so pena de complicaciones, como ocurre con los requeridos para la diabetes y las patologías cardiovasculares, por ejemplo.

Lo real es que ni con tarjetón usted garantiza siempre la adquisición de los mismos en la fecha en que se necesitan, y son harto conocidas las penitentes y reiteradas incursiones a la farmacia, a veces con interminables colas cuando «llegan» los medicamentos, sin que uno siempre pueda adquirirlos en el día fijado. No pocas veces pasa el mes y uno no alcanza el fármaco, por más tiempo que le dedique a «cazarlo». No se debe confundir al acaparador con el paciente desprovisto de medicamentos.

Doy fe de que, en ocasiones, el paciente que no alcanzó solicita en préstamo los fármacos que alguien pudo adquirir antes, para devolvérselos cuando pueda comprar los suyos. Y no siempre puede devolvérselos, de manera que esa generosidad anticipatoria trae complicaciones a terceros.

Quizá funcionarios centrales del Ministerio de Salud Pública podrían dar explicaciones convincentes de por qué, medicamentos controlados en los conocidos «tarjetones», de los cuales depende la salud de los pacientes, no llegan siempre en tiempo a manos de estos.

Sería razonable que se hablara de uso racional de fármacos siempre que cada paciente los tenga garantizados en su farmacia en el momento oportuno.

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