Consumo mínimo, engaño máximo

A la playa de Tarará fue el pasado 29 de enero Enma Yern Valdés (calle 14, Edificio 6, apto.8, entre A y B, reparto El Roble, Guanabacoa, La Habana), invitada por unos amigos provenientes de Canadá, quienes se encontraban de visita en nuestro país. Y del lugar se fue con varias inquietudes y dudas.

Una vez allí, se percataron de que faltaba la información expresa al visitante sobre las opciones que podían tomar, pues el grupo deseaba almorzar y más tarde disfrutar de la playa. Y atentamente les informaron que podían ir a cualquier restaurante, pero que para el disfrute de la playa tenían que pagar un cover de cinco CUC por persona, con derecho a consumir tres de ellos. Les explicaron también que la oferta es de alimentos ligeros y líquidos.

Pagaron y les dieron el slip, comprobante con el cual debían ir a la cafetería Barbecue, cerca de la playa. En ese establecimiento les sugirieron que se ubicaran en el área de la playa, donde los atenderían.

«Allí —afirma Enma— comenzaron las sorpresas: la sombrilla de guano tenía pintado en el tronco el precio de 1 CUC. Las tumbonas, a 2 CUC. La mesa con las sillas, 1 CUC por cada pieza. Tal servicio era ofertado y cobrado por el salvavidas sin comprobante de pago».

Enma pregunta: «Esos servicios que nos están cobrando independientes, ¿no están incluidos en el cover que pagamos por disfrutar de la playa? ¿Para esos servicios no debe haber una persona de recreación que atienda la actividad y que quede constancia de la recaudación de los mismos?».

A ello se sumó la demora en el servicio gastronómico. Ya hastiados de esperar, se personaron en la cafetería y pidieron la oferta para el consumo mínimo: no había tal alimento ligero. El plato más económico era masas de cerdo fritas con vegetales y papas fritas, por 4 CUC.

«¿Cómo es posible que se oferte un plato cuyo costo sobrepase el consumo mínimo de 3 CUC?», pregunta la lectora, perpleja ante lo que considera una falta de respeto. «¿Cuántas personas como yo habrán ido a Tarará a pasar un rato con su familia, después de haber realizado un sacrificio económico, y se habrán visto retratadas en mi historia?».

Tormento en Las Delicias

La denuncia la hace Eric Cordero (avenida 39, No. 5203, en Caimito, Artemisa), quien expone que una discoteca al aire libre atormenta a los vecinos con su hiperdecibelia, en la azotea del edificio Las Delicias, de su localidad.

Refiere Eric que, según cálculos de un especialista, basados en la potencia de audio instalada, se están generando unos 120 decibeles, lo cual sobrepasa en mucho los límites para zonas urbanas.

Los vecinos se han quejado en las asambleas de rendición de cuentas del delegado, al Gobierno municipal, la Policía Nacional Revolucionaria y la Dirección de Comercio.

«A uno de ellos —señala— le dijeron que transmitirían la queja al Poder Popular; a otro, quien envió una carta en nombre de un grupo de vecinos, le contestaron que daban parte a la Dirección Provincial de Comercio. Se trata justamente de las entidades que dispusieron la ubicación de la discoteca. Jueces y parte. Una tercera carta quedó sin respuesta, con lo cual fue in crescendo el laconismo institucional».

Acota Eric que el problema perdura ya casi por un año y afecta a los vecinos, cuyo horario de descanso y sueño es atropellado sin miramientos. En la Dirección de Higiene y Epidemiología les aseguraron que iban a requerir un cambio de actividad para el local, y si persistían en la mantener la discoteca, esta sería cerrada. Tras cuatro meses de espera, el especialista que los atendió alegó que Higiene no tiene autoridad para ello.

«Sabemos que ninguna autoridad ha de brindar la potestad para transgredir las normas establecidas; y, sin embargo, con su pasividad entre líneas, todas estas instituciones han mostrado su adhesión a los transgresores en lugar de a las víctimas.

«Ninguno de nosotros se opone al divertimento de quienes asisten a ese centro nocturno, sin embargo es preciso que se encuentre un local adecuado para sostener esa actividad, porque para ahorrarles dinero y esfuerzos a quienes manejan la discoteca, se viola sistemáticamente la intimidad y la salud de las familias de todo un vecindario».

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