Último abrazo a la vida

La única certeza absoluta de la vida, a la que los humanos jamás podremos acostumbrarnos, es la muerte. Por eso, tal vez todo lo que huela a ese fin, a ese inevitable cierre, nos genera miedo, prejuicios, rechazo. De ahí que quienes se dediquen a los servicios necrológicos con profesionalidad y afecto, merezcan el mayor de los reconocimientos. ¿Cuántos tendríamos la entereza para realizar lo que ellos hacen a diario?

Vienen a mí estas ideas por la misiva del mayabequense José Antonio Figueroa López y su familia, vecinos de carretera a La Rada, Nave No. 1, apto. 2, Centro de Isótopos, San José de las Lajas. Cuenta José Antonio que el pasado 1ro. de enero, cuando todo nuestro pueblo celebraba el advenimiento de un nuevo año y un aniversario más de la Revolución, su familia sufrió la pérdida de un ser querido, específicamente, su suegra Andrea Alicia Suárez Galván.

Ella falleció en el Hospital Nacional, en horas de la madrugada, evoca el remitente. Se debían realizar los trámites de rigor en estos casos para poder velarla en la capilla del poblado de Pedro Pi, en San José de las Lajas. La familia venció algunos inconvenientes para trasladarla a la funeraria del propio San José y, al llegar allí, encontraron «un pequeño grupo de trabajadores con una profesionalidad, una sensibilidad y un respeto por el dolor ajeno que nos pareció casi increíble».

«No podemos pasar por alto el comportamiento de esos trabajadores, un verdadero ejemplo a seguir en estos tiempos donde no todos se ponen en el lugar del prójimo. Y para ilustrarlo pensamos en Harioldis Gamboa Matos, chofer, que no solo ejerció su labor, sino que también coordinó las acciones de preparación del cuerpo; buscó, incluso en otro municipio, un ataúd con las medidas necesarias, activó mecanismos con los demás trabajadores…

«También nos viene a la mente la actitud de Carlos Vargas, el sepulturero, que dejó el ambiente festivo en su hogar para emplearse con denuedo en ayudarnos. Recordamos a Misladis Carbonell González (coordinadora) y a Pedro Luis Gil (ayudante), así como a los trabajadores de la florería de San José… Todos ellos, en una jornada que fue tristemente abundante en fallecidos, apoyaban a las familias allí presentes, no solo a la nuestra, como si se tratara de personas con las que tenían vínculos sanguíneos. Y eso merece la mayor gratitud.

«De cómo nos acompañaron ante la muerte, podemos saber cuánto aman y cuidan la vida», finaliza la misiva.

Y uno, que sale día a día y se tropieza con malas caras, puertas y muros ante las iniciativas; desánimo en algunos, apatía en otros, no puede menos que sentir, junto con esta familia, un profundo agradecimiento por quienes los acompañaron en tan duro momento.

¿Cuándo recibirá respuesta?

Los vientos de los huracanes del 2008 estremecieron de tal modo el hogar de Juana Francisca Castro Pernut —allá en Carretera a Fomento entre 9 y 10 del Sur, Placetas, Villa Clara—, que a la anciana de 84 años no le quedó más remedio que evacuarse de esa dirección —un sitio, por demás, proclive a inundaciones— a la localidad rural de Las Bocas, en el mismo municipio, donde reside una sobrina de su esposo.

Pero en febrero de 2013 el anciano sufrió un accidente que lo lanzó en brazos de una rehabilitación prolongada, cirugía mediante. Ello obligó al matrimonio a mudarse nuevamente, esta vez a la casa de una hija de crianza, en calle 4ta. No. 192, entre 8 y 9 del Sur, en Placetas también.

Desde entonces, en tres pequeñas piezas viven cinco personas, por lo cual Juana Francisca solicitó, en octubre de 2013, el subsidio con vistas a mejorar el inmueble con esfuerzo propio. La visitaron los trabajadores sociales y técnicos de la Vivienda y la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda. Ya tiene en sus manos las regulaciones urbanísticas, el proyecto y la licencia de construcción, pero no la respuesta de si será beneficiada con el subsidio.

Según cuenta, reiteradamente le han expresado a su hija en el Gobierno municipal que van a reunirse para deliberar sobre el caso, pero el tiempo pasa y la anciana ve menguar sus fuerzas. ¿Qué prioridad tiene un caso como el mío?, pregunta.

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