Mi sangre...

Mi sangre... Así solían llamarse los amigos para destacar lo cercano, lo familiar de su unión. Quienes utilicen esta frase jocosa con el tunero Dayan Borrego Rivero (Barrio La Victoria, s/n, Manatí) tendrían tal vez la intuición de que la de él sí podría ser sangre de su sangre. Este cubano, que acumula 27 donaciones, se presentó en su área de salud, como de costumbre, el 13 de enero de 2014. Ese día el banco móvil se encontraba en la zona y Dayan no quería perder el chance. Pero...

«Cuál no sería mi sorpresa al ser informado de que uno de los análisis efectuados a mi donación anterior estaba alterado (no me especificaron cuál) por lo que no podía donar», evoca el remitente. Y añade: «Contaba yo con un chequeo médico realizado periódicamente a los donantes con todos los resultados negativos, y con fecha menor a seis meses. No obstante, inmediatamente me dirigí a la enfermera de mi consultorio, la cual me indicó los complementarios de rutina…».

El mismo día el tunero se extrajo las muestras para analizar y, para segunda sorpresa suya, todo estaba en regla. Conociendo que varios de estos exámenes a veces pueden variar su resultado por factores externos, informó Dayan de inmediato a su área de salud, para tratar de esclarecer la incongruencia.

«Días más tarde se me informa que lamentablemente no puedo donar más, y yo me pregunto por qué. ¿Dónde está el resultado erróneo, qué análisis está alterado y qué tipo de alteración tiene, porque indudablemente esto está o estuvo alterando mi salud? (...) ¿Quién se equivocó en el resultado: el Banco de Sangre o el Laboratorio municipal?».

Y a las justísimas interrogantes del remitente, este periodista añade un comentario. ¿Cómo es que algo  aparentemente falla en el organismo de este donante, y tiene que enterarse cuando decide ir nuevamente a entregar su sangre? ¿Quién y qué mecanismo de información falló en un asunto de tan alta sensibilidad?

Bahía Honda ¿Y aislada?

Sucede con más frecuencia de la que debiera entre nosotros que se atacan los efectos de los problemas y se desconocen las causas; o para decirlo con la frase común: se bota por la ventana el sofá donde se cometió el adulterio y no se arregla o corta definitivamente la relación.

De eso habla la misiva del capitalino Humberto Piñeiro Cruz (Calle San Julio No. 160, apto. 6-E, e/ Santos Suárez y Enamorado, Diez de Octubre), quien refiere que al municipio de Bahía Honda, de la provincia de Artemisa, hace algún tiempo se tenía acceso con tres rutas de Ómnibus Nacionales: el dirigido de la capital a Santa Lucía, el destinado a La Palma y el que llegaba al propio Bahía Honda. Pero de un tiempo a esta parte, la única que se mantiene es la última de esas rutas.

«La primera la desviaron…, la segunda, el mismo destino: ambas por la autopista por motivos de vías rotas. Hace poco escuché que hasta la guagua de Bahía Honda se iba a parar por la misma razón. Me pregunto si no hay comunicación entre Ómnibus Nacionales y (quienes atienden) Viales. ¿Por qué las autoridades de Bahía Honda dejan que le quiten ese recorrido de un transporte tan necesario?», reflexiona el lector.

«Comensales» del ruido y la humedad

A estas alturas, Jesús Manuel Sánchez Guerrero (vecino del apartamento G, piso 14, edificio 18 plantas Garzón 2, en Santiago de Cuba) prácticamente no sabe qué hacer.

«Hace aproximadamente ocho años —cuenta— que en determinadas partes del techo de mi apartamento (sala, habitaciones, balcón, cocina) se producen filtraciones provenientes del restaurante Santiago 30 Aniversario, el cual nos queda en el piso superior… Las mismas están desconchando el techo, dejan manchas de humedad, deterioran la pintura y provocan presencia de hongos y ácaros en el falso techo, así como el derrame de agua por las lámparas. Esto sin mencionar los ruidos provocados por la consola, o el arrastre de sillas y mesas a diferentes horas».

Refiere el lector que ha planteado esta situación a diferentes administradores de la instalación y la ha denunciado varias veces a diferentes organismos, entre ellos la Dirección de Gastronomía Especializada, el Consejo de la Administración Provincial y la Dirección Municipal de la Vivienda, entre otras, y hasta la fecha no se ha resuelto nada.

«Somos en la casa cuatro personas —mi esposa y yo de la tercera edad, mi nieta de tres años y mi hija, joven trabajadora— que sufrimos estas molestias, las cuales también están afectando la salud física y mental de todos. Otros tres apartamentos presentan la misma situación».

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