Iliana tenía razón

El pasado 11 de abril Iliana de los Ángeles Mayo denunció aquí desde Jobabo, Las Tunas, violaciones laborales hacia su persona, como registradora de la filial en ese municipio del Centro Nacional de Control de la Tierra (CNCT). Contaba que el Director Provincial del CNCT le aplicó la medida disciplinaria de traslado a otra plaza de menor remuneración o calificación, y la ubicaron a laborar en el Puesto de Dirección de la Empresa Agropecuaria Jobabo.

Inconforme, ella reclamó ante el Órgano de Justicia Laboral de Base (OJLB), el que efectuó la vista correspondiente y el 13 de febrero pasado le notificó su decisión: declaró con lugar su demanda y dispuso reintegrarla a su puesto de trabajo e indemnizarla.

Iliana fue a reincorporarse a su puesto, y la Directora del centro le negó esa posibilidad, con el argumento de que establecerían demanda ante el Tribunal Municipal Popular. Entonces, acudió a la Fiscalía Municipal, donde le confirmaron su razón, pues la decisión del OJLB es de estricto cumplimiento. Y aunque la parte inconforme establezca demanda ante el Tribunal, debe acatar lo dispuesto entretanto.

Iliana se presentó de nuevo ante la Directora de Control de la Tierra en Jobabo y le comunicó la orientación legal. Pero esta insistió en su negativa, pues era una decisión —le dijo— del Director a nivel provincial. Tampoco se le pagó el dinero dejado de cobrar.

«¿Con qué derecho —cuestionaba la remitente— ambos directivos cometen esa violación y han quebrantado la legalidad, sin respetar decisiones emitidas por el órgano competente?».

Al respecto, responde Omar Yoel Pérez López, delegado de la Agricultura en la provincia de Las Tunas, que la investigación efectuada acerca de este caso incluyó entrevistas con Iliana y directivos implicados. Explica que a ella se le impuso la medida disciplinaria por violaciones en su trabajo, detectadas durante la VIII Comprobación Nacional al Control Interno al CNCT en el municipio. La sanción consistió en traslado a otra plaza de menor remuneración o calificación, con la pérdida de la que ocupaba antes.

Iliana —dice— estableció reclamación ante el OJLB, la cual fue declarada con lugar al considerarse elementos que la favorecían. Y la administración demandó dicha decisión ante el Tribunal, pero le fue denegado el reclamo, teniendo en cuenta un error de procedimiento cometido por el Director Provincial de Control de la Tierra.

La falta —añade— fue que se impuso la medida por el Decreto-Ley 176 de 1999, aplicable a trabajadores, y el que correspondía era el 197 de 1999, referente a funcionarios. Por tal razón —señala— se dispuso el retorno al cargo de Iliana y el pago del salario dejado de percibir hasta ese momento. Esto último ya se ejecutó, aunque la demandante no se ha incorporado aún al trabajo por estar de certificado médico. Aspira a hacerlo una vez que se restablezca.

«Por los hechos narrados y comprobados —concluye—, se declaran con razón los planteamientos formulados por la reclamante. Y por las violaciones de procedimiento cometidas en este caso por el Director Provincial del Centro de Control de la Tierra, le fue solicitada la medida disciplinaria correspondiente a su Dirección Nacional, por ser este nomenclatura de ese nivel de dirección».

Buen intervencionismo

Ramón A. Benítez Deniz (calle Ayuntamiento No. 79, entre Tulipán y Conill, apto. 38, Plaza de la Revolución, La Habana) relata que su sobrina Leonila López Benítez presentaba un aneurisma cerebral severo de difícil acceso y un elevado riesgo para su vida. Y el pasado 15 de mayo le fue aplicada en el Cimeq una intervención quirúrgica con el novedoso método del neurointervencionismo.

«Después de casi seis largas y angustiosas horas —manifiesta—, el jefe del equipo médico, el profesor José Antonio Jordán, nos informó que la operación había sido totalmente exitosa. Deseo expresar públicamente mi profundo agradecimiento al doctor Jordán, al doctor Juan C. Llibre y al resto del equipo médico y paramédico.

«Aprovecho además la ocasión para reconocer al personal médico y paramédico de la Sala Ictus del Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana, por la atención esmerada, amabilidad y profesionalidad mostrada con mi familia y el resto de los pacientes.

«Gracias a la Revolución por los ingentes esfuerzos para dotar a la medicina cubana de la tecnología de punta más avanzada, y a los nobles y gigantes trabajadores de la Salud. Mi sobrina descansa feliz y contenta en su humilde hogar en la ciudad de Palma Soriano», finaliza Ramón.

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