La tarjeta y la vergüenza

Este no es un reclamo nuevo. Más bien llueve sobre lo empapado, y hasta vergüenza ajena uno siente. El cienfueguero Julio Montes de Oca Montes de Oca (calle Cienfuegos No. 105-A e/ F y D, Cumanayagua), escribe a nombre de más de 20 profesores del Inder en el municipio, quienes han retornado recientemente de colaboración internacionalista en la República Bolivariana de Venezuela.

Se refiere el docente de Cultura Física a las dificultades que han afrontado con el cobro de sus respectivos emolumentos tras el trabajo desempeñado en el exterior, a través de la tarjeta magnética que se les habilitó aquí en Cuba.

«Hace poco más de un año regresamos a nuestra patria luego de cumplir con nuestro honroso deber y aún se nos deben los beneficios monetarios en la mencionada tarjeta», se lamenta. Se ha tramitado este tema a través del Departamento de Colaboración provincial y de ahí a la entidad exportadora, adjunta al nivel central del Inder, todo ello sin recibir respuesta en este tiempo, apunta el profesor.

Y añade que varios afectados en ocasiones han tenido que sacar sus estados de cuenta en las sucursales bancarias para determinar qué falta y reportarlo al Departamento de Colaboración en la provincia, y este trámite cuesta cinco CUC. Además, la tarjeta magnética tiene también una fecha de vencimiento, lo cual añade tensiones a quienes esperan cobrar.

¿Por qué tanta demora en el pago? ¿Cuáles son nuestros derechos al respecto si prácticamente nadie nos atiende? ¿Por qué depositan solo uno o dos meses y no se brinda una explicación?, se pregunta el cienfueguero.

El salario es sagrado. Como el trabajo. Y si Julio u otro de los profesores a quienes les deben este dinero acuden a cualquier punto de venta o servicios estatales a que les vendan algo, no pueden llegar y explicar que dentro de un año pagarán. Con las cuentas, transparencia.

Recargo sin justificación

También desde Cienfuegos arriba la misiva de Mirta Seruble Mancor (Ave 48, No. 1511, e/ 15 y 17, Rpto. Reina). Cuenta la lectora que el 17 de marzo último, en la mañana, llegó a su casa un trabajador de la Empresa Eléctrica y le informó que iban a cortarle el servicio.

Cuando ella preguntó por qué, el empleado le respondió que debía haber pagado esa prestación el día 13 de ese propio mes. «Le busqué el recibo y este decía que había que pagar el 23 de marzo. El compañero me respondió que la empresa se había equivocado, pero ellos no tenían la culpa, y preguntó si la iba a pagar o no.

«Como en la casa había una persona enferma, la pagué, pero lo absurdo fue que, habiendo visto la fecha, me puso un recargo de tres pesos», narra Mirta.

Razonablemente molesta por aquella actitud, la cienfueguera acudió a la Empresa Eléctrica provincial. La recibieron los compañeros de Atención a la Población. Una de las empleadas llamó a la instancia municipal de la empresa, pero no pudo comunicarse. Luego, otro de los trabajadores (no especifica de qué Departamento) le comentó a la demandante que a pesar de haber visto el día 23 reflejado en el recibo, el obrero que fue a su casa debió de haberle cortado el servicio, porque «él cumplía con su deber». (¿!).

Finalmente, en la entidad provincial le dijeron a Mirta que fuera a su casa, que investigarían y la llamarían el 18 de marzo para darle respuesta. Al momento de escribirnos, todavía aguardaba la llamada.

¿Cómo es que se le cobra un recargo a esta mujer, por un error de la empresa, y después ni siquiera se le dan la atención y las disculpas que merece?

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