Boleta trunca

Con ese fuego que pone en la mente de un padre la tristeza de uno de sus retoños, nos escribe el profesor villaclareño Juan Carlos Lima Jumolca. Su hija, Laura Bárbara Lima Ocampo, discapacitada físico-motor, terminó los estudios preuniversitarios en el curso 2012-2013 en la escuela Ignacio Rolando Abreu, de Santa Clara, en la Facultad Obrero Campesina, con un promedio de 93,1 puntos. Pero en el camino de su continuidad de estudios se le han presentado incongruentes escollos.

«En ese momento no pudo realizar las pruebas de ingreso a la Educación Superior, ya que estas fueron efectuadas en el mes de mayo y la facultad terminó sus exámenes en el mes de julio. Posteriormente fue operada en cuatro ocasiones en su pierna derecha, para corregir una malformación producto de una polio posvacunar, que sufrió a la edad de cinco meses.

«Eso nunca fue obstáculo para que ella estudiara y participara en las actividades desarrolladas por los centros de educación en los que se preparó. Tampoco para que obtuviera siempre buenas notas», refiere Juan Carlos.

Al encontrarse ya en mejores condiciones de salud y un estado psíquico favorable, en el mes de noviembre de 2013, solicita el papá a las direcciones provincial y municipal de Educación la continuación de estudios de su hija. Cuenta además que él se entrevistó con varios funcionarios de esas instancias y recibió igualmente el apoyo de la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores (Aclifim) provincial, apunta.

«El 4 de julio (de 2014) —señala el padre—, la compañera de Educación municipal que me atendía me plantea que lleve a mi hija para hacerle entrega de la boleta de carrera el 7 de julio, fecha en que nos presentamos al centro, y dialogó con ella (…). Le pregunta si seguía interesada en la carrera a estudiar, para en un futuro desempeñarse teniendo en cuenta su discapacidad. Las mismas eran: Dietética o Laboratorio Clínico».

Hasta ahí todo iba bien, pero la sorpresa de la familia ocurre el día 14, cuando le comunican en la Dirección Municipal de Educación que solo existen las carreras técnicas de Enfermería, de Higiene y Epidemiología y de Escuela Pedagógica para la joven, cuando incluso varios profesionales del ramo le habían asegurado a la muchacha y los suyos que en las otras especialidades le iría mejor pese a sus limitantes físicas.

El papá, preocupado, comenzó a buscar la explicación y el apoyo de las autoridades provinciales. Lo atendió un subdirector de Educación en la provincia quien, a su vez, le orientó que esperara una respuesta de la compañera que se encarga de Educación Especial a ese nivel.

«El 17 fui atendido en la Dirección Provincial, donde me plantean que ya mi caso fue analizado nuevamente y que me dirija al municipio. Me comunican ahí que es la Escuela de Ciencias Médicas (Facultad provincial) la que no acepta a mi hija por presentar discapacidad y que ellos el día 18 se volverían a reunir para analizar (…) Le digo a la compañera que personalmente regresaría para tener conocimiento de la gestión», evoca el remitente.

De ahí, con la velocidad de la angustia volvió Juan Carlos a la Dirección Provincial de Educación, a la Aclifim a ese nivel y a la propia Facultad de Ciencias Médicas, donde logró contactar con la responsable de Ingreso y exponerle sus inquietudes.

La compañera le respondió «que dos doctores habían expresado que mi hija no reunía las condiciones para estudiar en la escuela y cumplir los objetivos del estudio. Además, que ella era graduada de otro año, que procedía de una Facultad Obrero Campesina y que existen barreras arquitectónicas (en el centro docente)».

Tanto el papá como la joven quedaron entonces con muchas interrogantes, a las que se suma también este redactor: ¿Por qué, si en un principio, para la entrega de la boleta todo marchaba bien y se mostraba posible la continuidad en las materias técnicas de preferencia de la muchacha, ocurrió este cambio de última hora? ¿Acaso la Facultad Obrero Campesina no es un centro de estudio igual que cualquier otro? ¿Dónde queda el esfuerzo de tantos años batallando, la familia y la joven, evidenciados en un promedio de 93,1 puntos? ¿Ante las barreras arquitectónicas la solución es colocar más barreras o eliminar aquellas?

Urgen las respuestas.

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