Rectificar es de sabios

El pasado 14 de agosto reseñé la queja de Guillermo Morales sobre lo que llamaba «pesadilla» para los vecinos de calle Independencia, entre General Gómez y Hermanos Agüero, en la ciudad de Camagüey: el nuevo centro recreativo Vo Sabei, del Grupo Empresarial de Comercio del Poder Popular Provincial.

El sitio, inaugurado por los 500 años de esa ciudad, fungía como discoteca a cielo abierto, en una zona céntrica y compactada de viviendas. «Los niveles de ruido andan de orgía por toda la comunidad», decía Guillermo, y describía cómo los vecinos se veían obligados a vivir encerrados. «Cuando la locura comienza, nos trancamos en nuestras casas para no quedar sordos o locos».

Al respecto responde Rafael Herranz, director del Grupo Empresarial de Comercio, que, a raíz de lo publicado, una comisión encuestó a vecinos y a la delegada del Poder Popular en la circunscripción, los cuales confirmaron la veracidad de lo planteado por Guillermo.

«La música es demasiado alta —refiere—, no deja realizar las actividades cotidianas de los hogares aledaños, tales como leer, ver la televisión, estudiar, desarrollar los trabajos y conciliar el sueño diariamente. Y los juegos de luces utilizados en la animación afectan en gran medida las actividades multifamiliares».

Según los vecinos, afirma, se violan los derechos a la convivencia, al no respetarse los artículos de la Constitución de la República, ya que el ruido se ha adueñado del lugar.

«Al ser una instalación al aire libre, se hace muy difícil controlar los ruidos, las luces y otras irregularidades que los vecinos han venido planteando desde su inauguración».

Precisa Herranz, que la administradora de la unidad refirió que la música se mantenía a 30 decibeles, y cumplía con los horarios establecidos. Además de que su objeto social era de centro nocturno. Pero también señala el directivo que, según la delegada, los electores le han formulado quejas personales y escritas en varias ocasiones sobre lo ruidoso del lugar. Él se personó en la unidad para atender directamente las mismas y comprobó que la música es muy alta y afecta a los vecinos de la comunidad.

Finalmente, la Dirección del Grupo Empresarial de Comercio declaró con razón la queja de los vecinos e indicó convertir la unidad en El Rincón del bolero, con talento artístico y oferta de coctelería, así como eliminar la pantalla y equipo de audio de la misma.

Agradezco la ágil atención al problema. Y ojalá que el saldo no sea «botar el sofá», sino buscar un sitio con  condiciones para discoteca, para bien de los más jóvenes.

Mínimo acceso, máximo esmero

Según Solange Reyes González, quien fue intervenida quirúrgicamente en el Centro Nacional de Cirugía de Mínimo Acceso, en el municipio capitalino de 10 de Octubre, aquel centro asistencial podría parecer ciencia ficción para cualquier persona, por la excelencia de sus servicios.

Solange, quien reside en Pueblo Nuevo, Ceiba del Agua, en el municipio artemiseño de Caimito, señala:

«No exagero un ápice; es más, temo no encontrar las palabras exactas para destacar el sentido de pertenencia, sano orgullo y amor por la profesión que se respira allí.

«¿Y qué decir de esos especialistas de alto nivel científico que allí laboran con tanta sencillez y humildad? Desde el más experto cirujano, hasta la que cuida y mantiene limpios baños y pasillos, todos están en función de que pacientes y acompañantes se sientan anímicamente bien. Nunca pensé que me sentiría tan bien en una sala de preoperatorio. ¡Eran tantas las personas que se movían a mi lado de forma tan diligente y cariñosa que no sentí ningún temor! Posteriormente, fue lo mismo.

«Mención especial para la cirujana Ana Berta, la anestesióloga Ena y la doctora Yudelkys. Me transmitieron seguridad y confianza. Sentí que yo no era un número más en la gran lista de operaciones de vesícula por mínimo acceso, sino un ser humano que necesitaba tanto o más que sus conocimientos y profesionalidad: sentirse arropado y querido como un bebé en los brazos de su madre.

«No tuve la suerte de conocer al director de ese centro, pero sentí su poder de dirección, su control y supervisión en el funcionamiento de ese hospital de vanguardia que exhibe con orgullo el avance científico cubano.

«No creo que exista nada material con lo cual yo pueda retribuir todo lo recibido en este centro; por eso les brindo mi más sincero agradecimiento y reconocimiento públicos a tan noble labor».

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