Seguir buscándole luces al apagón

La vida sin energía eléctrica es poco menos que inimaginable. Tanto y tan bien nos hemos acostumbrados a las bondades de ese invento humano (refrigeración, agua fría, ventiladores, alumbrado), que no concebimos ya cómo andar sin él.

Sobre esto reflexionábamos a partir de la carta de Aranelys Cruz Cañizares (calle Fausto Pelayo Alfonso No. 13-A, e/ Pueblo Nuevo y José Mendoza, Trinidad, Sancti Spíritus), quien escribía en nombre de su papá y de los que como él no disfrutan del servicio en el pequeño asentamiento de puente de Guanayara, ubicado a 12 kilómetros de Trinidad, en la carretera que une esta hermosa villa con Cienfuegos.

Narraba la remitente —cuya carta publicamos el 6 de mayo pasado— que autoridades locales habían argumentado al respecto que ciertas viviendas en el referido asentamiento son ilegales, pero no se dejaba claro cuáles familias, residentes en qué inmuebles, eran los que incurrían en esta falta. Igualmente, evocaba, les habían comunicado acerca de la no existencia de objetivos económicos de peso en el sitio.

También refería la lectora que años atrás, desde la Empresa Eléctrica, se había orientado a los lugareños abrir, con medios propios, huecos para los postes eléctricos que se colocarían. Ellos los abrieron. Pasó el tiempo y nada.

A propósito, contesta Jorge Armando Cepero Hernández, director general de la empresa Eléctrica en Sancti Spíritus. En el año 2009 —explica—, «como parte de un programa del país para mejorar las condiciones de vida en asentamientos costeros, se inició un proceso inversionista que contemplaba la electrificación de tres asentamientos dentro del municipio de Trinidad».

Guanayara figuraba dentro de los poblados comprendidos en ese plan. Se comenzaron los trabajos en ese propio año, pero fueron detenidos posteriormente al detectarse un considerable número de ilegalidades en dicho lugar, apunta Jorge Amado.

La política del país —sostiene el directivo— «respalda que no se justifica ni económica ni socialmente electrificar viviendas dispersas o en grupos muy pequeños y sin perspectivas de desarrollo». Y el Instituto de Planificación Física (IPF) ha demostrado en investigaciones de los últimos años que los colectivos humanos que más permanecen por su arraigo e identidad en un sitio, son los que poseen de 15 viviendas en adelante, aclara.

Por tanto, es a partir de esa cifra de hogares, según esos enfoques, que debe considerarse la perspectiva de un asentamiento de ser electrificado. Cualquier otro caso excepcional debe someterse a la consulta del IPF, enfatiza Cepero Hernández.

«Debemos destacar que en el caso de Guanayara, la Dirección Municipal de Planificación Física no tiene aprobado ningún desarrollo desde el punto de vista habitacional, al no constituir un asentamiento en el territorio, ya que de todas las viviendas existentes en el lugar solo tres presentan condiciones legales para ser electrificadas, dos casas de veraneo y la de Julio Cruz Sánchez, el padre de Aranelys, que vive de forma permanente y se ha mantenido en el lugar», detalla.

Las demás viviendas o posibles edificaciones en el sitio —precisa— no cumplen las regulaciones establecidas en el Decreto-Ley No. 212, el cual restringe la construcción en zonas costeras, «lo que motivó el dictamen de la Fiscalía para demoler o expropiar las mismas. Es por lo antes expuesto que no ha sido aprobado que estas tres viviendas sean electrificadas».

Agradezco la misiva. Entiendo que las políticas no se trazan por excepciones, sino por tendencias generales, y también destaco lo que ha sido práctica histórica en nuestro país: atender no solo lo estadístico, sino también lo singular. Recordemos al respecto, por solo citar un ejemplo, las prestaciones educativas y de asistencia social que nos han llenado de orgullo.

Por otra parte, cuando publicamos el caso invitábamos a pensar en diferentes formas de gestión —con el apoyo de los propios beneficiados— que pudieran resolver problemas de este tipo en las condiciones de la Cuba de hoy. Habrá que seguir insistiendo en este filón creativo.

Y esta columna, que usualmente es tan crítica con lo feo y lo negativo, reserva estas últimas líneas para mirarse. En la edición de este jueves se publicó una queja sobre la Organización Básica Eléctrica en Santiago de Cuba que ya se había publicado el pasado 1ro. de octubre. Presentamos nuestras disculpas a los lectores.

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