«Goteras» en una decisión sobre el subsidio

Tan solo dos días antes de sufrir un infarto cardiaco, el 21 de enero de 2014, Lázaro J. Amaro González (Ave 73, No. 21804, e/ 218 y 220, La Lisa, La Habana) había solicitado un subsidio para reparar su hogar.

Pero sobrevino la grieta en su miocardio y como su hijo se convirtió en acompañante permanente y su hermana, que padece Síndrome de Down, estaba con otro familiar, en casa de Lázaro no había nadie que pudiera continuar el trámite. De ahí que la solicitud fuera archivada.

«Al ser esto de conocimiento de la Oficina de Atención a Combatientes, se coordinó con la Dirección Municipal de la Vivienda y se acordó que hiciera una nueva solicitud, la cual presenté el 17 de marzo de 2014», narra el remitente.

El 26 de marzo lo visitó una técnica de la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda (UMIV) con el objetivo de realizar la defectación del apartamento. Al concluir, le leyó al solicitante las anotaciones que había efectuado. Entre ellas, refiere el capitalino, estaban: «Filtraciones en la cubierta producidas por los vecinos de arriba en proceso de solución; columnas y arquitrabe explotados; paredes interiores y exteriores descorchadas; carpintería en mal estado; pisos en mal estado…».

A principios de agosto citaron a Lázaro para que se presentara en el Poder Popular municipal para recibir orientaciones sobre el proceso del subsidio que, según la funcionaria de Vivienda que lo contactó, había sido aprobado.

«Al poco rato me vuelve a llamar la compañera y me dice que no vaya a la entrevista hasta nuevo aviso, y al preguntarle el motivo del cambio no pudo darme la respuesta», evoca.

Unos días después, visita a Lázaro la Subdirectora de la UMIV en el territorio junto a otra compañera de la misma entidad, para ver nuevamente el estado de las filtraciones. Él les explicó que en ese particular ya se estaba trabajando y que incluso los vecinos de los altos tenían todos los materiales para cambiar el piso de la poceta de su baño, trabajo que ellos debían culminar alrededor del 27 de agosto.

«Ambas visitantes subieron al apartamento de arriba para hacer una comprobación y de ahí se marcharon sin volver a mi apartamento, en el cual las esperé, sin despedirse, sin darme explicaciones…», cuenta el remitente.

Tras esta inquietante visita, vuelven a citar al solicitante al Poder Popular del municipio para ventilar cuestiones del subsidio. «La compañera que me atendió no pudo evitar su asombro al abrir mi expediente y ver un certifico, firmado por el Presidente del Consejo de la Administración Municipal (CAM) que casi al final decía: “No otorgar el subsidio a Lázaro Amaro González… siendo denegado ya que las afectaciones de su vivienda son de cubierta y han sido provocadas por los vecinos de arriba”».

El afectado, sorprendido, molesto, no pudo entender cómo los múltiples daños de los que habían tomado nota en su hogar los compañeros de Vivienda quedaron  reducidos solo al tema de las filtraciones, cuando estas —como comprobó la primera especialista de la UMIV que lo visitó— solamente constituían una pequeña parte de los problemas.

¿Quién informó mal al Presidente del CAM para que rubricara una decisión como la que vio Lázaro? ¿Con qué motivos?, se cuestiona el capitalino.

Pero su mayor preocupación ante el proceder —confiesa— «no es la negación del subsidio, sino que una misión tan hermosa y esperanzadora, dirigida (…) a beneficiar a los más humildes y necesitados, sea eclipsada»…

¿Quién le explica lo sucedido con su caso? ¿Habrá «filtraciones» organizativas  más hondas que las que Lázaro J. Amaro enfrentaba en su casa?

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