Atraco

Julio Edel Salas no sabía que estaba adquiriendo un verdadero engaño cuando el pasado 24 de diciembre compró una llave de paso de media pulgada a 105 CUP en el Mercado de Artículos Industriales (MAI) de la localidad de Santa Lucía, en Minas de Matahambre, Pinar del Río.

Todo se evidenció cuando su padre le alertó el 30 de diciembre que la misma llave de paso tenía un precio de 55 CUP en la provincia de Matanzas.  Entre la alarma y el disgusto, Julio fue a la tienda de materiales de construcción de su localidad a corroborar el precio de la llave, y allí le confirmaron que el mismo era de 55 CUP.

Como activo consumidor que no se deja pasar ni una, Julio fue al MAI de los hechos. Y al reclamarle al administrador, este le dijo que estaba consciente de la diferencia de precios, pero él no tenía ninguna indicación de bajar el valor del producto.

Julio no se resignó. Fue a la Dirección Municipal de Comercio a denunciar lo sufrido. Y el 5 de enero, el subdirector de Comercio, el subdirector económico y la especialista de Precios de la entidad reconocieron que fue una irresponsabilidad de ellos no haber realizado la rebaja del artículo en el momento en que debían.

El asunto fue que el 4 de febrero de 2014, en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, se habían publicado varias resoluciones, entre estas una que modificaba el precio de la llave de paso de media pulgada y otros artículos.

«Pero a pesar del error —señala— yo había comprado la llave a ese precio, y no se podía hacer nada. Después de que esos especialistas me explicaran muy bien todo el proceso para realizar la rebaja de un producto, y por qué yo no podía recuperar la diferencia de los precios, hoy no acabo de comprender. ¿Cómo esto puede suceder y sea yo quien tenga que pagar los platos rotos?».

En Calle A No. 2, entre 2da. y 3ra., en el reparto Frank País de Santa Lucía, Julio Edel Salas espera una respuesta que lo reivindique, resarza e indemnice como consumidor. ¿Cómo que no se puede hacer nada?

Más caro a los estudiantes

Anna Díaz Díaz (Martí 159 B, entre Medrano y José A. Saco, Nuevitas, Camagüey) hace tres meses que estudia la especialidad de guía de turismo en la Playa Santa Lucía, de ese territorio. Y para viajar a la escuela debe comprar  un pase a bordo en el ómnibus de Transmetro que transporta a los trabajadores de ese centro turístico.

El asunto paradójico es que el pase a bordo les cuesta a los estudiantes 75 pesos mensuales, cuando a los propios trabajadores les cobran por este 24,60.

A ello súmele que desde septiembre del pasado año les suspendieron a los estudiantes el estipendio que les pagaban, y también deben pagar por sí mismos el uniforme que la escuela exige.

«Lo peor —manifiesta Anna— es que ahora nos dijeron que el pasaje es sin derecho a asiento. He preguntado el porqué del alto precio, y por qué tenemos que ir de pie, si el objeto social de Transmetro es transportar personas, pero no de pie.

«¿Por qué la discriminación, si seremos los futuros profesionales del turismo? Las prácticas que hacemos en el turismo no se nos pagan, a pesar de que logramos que mucha de la fuerza laboral de esas entidades disfruten de nuestro servicio. ¿Por qué ese precio a pagar? ¿Dónde está escrito?».

En busca de un recuerdo

Adolis Reyner, metodólogo de la Dirección Municipal de Educación en Guisa, augura un reencuentro conmovedor después de poco más de 53 años, con la solicitud que le ha llegado.

La familia de Mario Enrique Carrazana Antúnez, allí en Florentín Bárzaga 25, en Guisa, anda localizando a Blas Hernández, aquel primer alfabetizador de 16 años proveniente de la antigua provincia de Las Villas, que en el sitio serrano El Cobrero, llevó la luz del saber a Ana Luisa Antúnez Ginarte y Enrique Carrazana Arcia.

Aún después de 53 años, esa familia está agradecida de Blas y siente la necesidad de reencontrarse con su «maestro». Y dan sus teléfonos: 23-392256 y 23-391037.

Cuántas historias y recuerdos se tejieron de aquella Campaña Nacional de Alfabetización, en la cual cada quien,  iletrado o maestro, aprendió a vivir y compartirlo todo.

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