No puede ser el no

Yoandris Cortina Castañeda no se conforma con los «no hay» y «no es posible», y escribe desde Soledad 2da., en el Segundo Frente santiaguero, a ocho kilómetros de la cabecera municipal: su demanda es un balón de oxígeno inalcanzable para su mamá.

Refiere el hijo que su madre es una señora de 59 años, operada de un tumor en el seno derecho en 2010. En 2014, con el seguimiento del oncólogo que le operó y le indicó la quimioterapia, se detectó que la tumoración se había extendido a otros órganos del cuerpo. Consciente de que la salud de la señora se iría deteriorando gradualmente, el facultativo  prescribió, dentro del tratamiento para hacer la dolencia más llevadera, un balón de oxígeno con vistas a darle aerosol tres veces al día.

Yoandris se presentó en la Dirección Municipal de Segundo Frente a hacer la solicitud del balón, y el director le planteó que ese territorio no contaba con más. Debe esperar a que los pacientes que los tienen dejen de usarlo.

Inconforme con esa respuesta —¿qué no hace un hijo por su madre?— Yoandry se personó en la fábrica de gases medicinales en la ciudad de Santiago de Cuba. Allí le atendió la comercial, quien le expresó que no podían hacer un contrato directamente con él, que la Dirección Municipal de Salud es la encargada de gestionar el balón.

Un tanto molesto, el hijo decidió dirigirse a la Dirección Provincial de Salud. Y allí, en el departamento de Atención a la Población, le comunicaron que esa gestión era de la Dirección Municipal de Salud, que ellos debían de garantizar ese servicio.

En Atención a la Población de la Dirección Provincial de Salud se comunicaron con el director de Salud de Segundo Frente, y luego de una conversación concluyeron que no tienen el balón, por lo cual no se puede prestar el servicio a la mamá de Yoandris.

«Mi inconformidad —señala el remitente— es que vivimos a ocho kilómetros de la cabecera municipal, y se hace difícil transportarla para darle el tratamiento de aerosol tres veces al día y así poder mejorar su calidad de vida».

Cuando está en juego la vida de una persona, o quizá el mínimo alivio para la fase terminal de un paciente, ¿la respuesta debe ser el No, sin antes buscar una solución, al menos en otro municipio o en otra provincia?

Apagones y terraplenes

María de J. Reyes quiere saber por qué a estas alturas, cuando el país ha avanzado tanto en la cobertura y eficiencia del servicio eléctrico, en la localidad de Máximo Gómez, del municipio matancero de Perico, persisten los apagones a cualquier hora, y en los momentos en que más falta hace el fluido eléctrico.

Precisa la remitente que allí la cocción es mediante módulos eléctricos, y es frecuente la interrupción del servicio eléctrico en horarios de comida, y ya tarde en la noche, cuando el sueño en tiempos de calor es casi imposible.

Afirma María de J. que «por parte de la población las quejas son constantes, y el descontento es popular, pero el problema no se resuelve, por más que se ha planteado en reiteradas ocasiones».

Otro gran problema de esa localidad, precisa, es el estado deplorable de sus calles.

«El estado de las mismas —enfatiza— preocupa a la población, sin que veamos una solución ni siquiera a largo plazo. Lo que antes eran calles ahora son terraplenes. Podrán imaginar, cuando llueve, el trabajo que hay que pasar para transitar, sobre todo los niños y los ancianos».

Allá en calle Jovellanos, entre Callejón Pío Álvarez y Quintín Bandera, en Máximo Gómez, María de J. Reyes espera por una respuesta, al igual que el resto de los habitantes de esa localidad.

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