La cobardía de la usurpación

Como es habitual en esta columna, que refleja las quejas de los ciudadanos previa identificación de nombre y dirección particular, para luego difundir la respuesta institucional al respecto, el pasado 30 de enero reseñé una denuncia a nombre de Laudet Fernández, vecina de San Bernardino 371, apartamento 10, en Santos Suárez, La Habana.

La carta señalaba que hacía casi tres meses los vecinos de ese edificio no tenían agua, pues la brigada constructora que enviara el Gobierno municipal de 10 de Octubre para reparar y pintar dicho inmueble, quitó los tanques del agua sin tener los sustitutos de estos.

Indicaba la misiva que la situación era de conocimiento del Gobierno municipal, pues ya los vecinos se habían quejado ante esa instancia, y nada se había solucionado.

Y se enumeraba un rosario de irregularidades en la reparación del inmueble: problemas de calidad, riñas e indisciplinas entre integrantes de la brigada, y desvío de materiales, además de que los vecinos no tenían documento oficial de los recursos utilizados en la obra.

También se apuntaba que la jefa de brigada no había mostrado preocupación por solucionar todos los problemas ocasionados.

Al respecto, al siguiente día se personó en nuestra redacción Laudet Fernández, para patentizar que ella no había escrito esa carta. Manifestó que, evidentemente, alguien había usurpado su identidad para hacer la denuncia.

La señora fue atendida con toda la delicadeza por nuestro subdirector Ricardo Ronquillo, quien le prodigó las disculpas requeridas por tal incidente.

Entonces sí Laudet nos entregó una carta de su puño y letra para aclarar que la primera «no fue elaborada y mucho menos enviada por mí; han utilizado mi identidad para exponer criterios que, al parecer, esa persona no tiene la valentía de un revolucionario de denunciar todo lo que escribe en su misiva, y ofrecer su identidad».

Precisa Laudet que no utiliza ese método para reclamar sus derechos, pues siempre se ha personado ante los órganos competentes, y hasta no lograr sus objetivos no ha cejado en su empeño.

«Desconozco las riñas entre constructores y el hurto de materiales, pues para denunciar este hecho hay que tener pruebas suficientes que demuestren su veracidad», manifiesta.

No obstante, sobre la violación del proceso constructivo señala que sí es cierto. Y asegura que en el proyecto de la obra, antes de ser ejecutada, se especificó por el arquitecto que aligeraran la carga de tanques, porque el techo no resistía los de mayor volumen. Es un edificio de 1959, con paredes colapsadas por el tiempo, a pesar de estar repelladas; además de arquitrabes rajados y con bastante grado de humedad por el derrame constante de agua de los tanques.

«Es cierto, acota, que desde el 9 de octubre estábamos sin agua hasta aproximadamente el 28 de enero. Y ahora que al fin tenemos, la instalación de los tanques presenta salideros, por lo que estamos en las mismas».

Finalmente, Laudet solicita que, de la misma forma que se acogió su supuesta queja, se le dé una satisfacción pública a ella, a consecuencia de la usurpación de identidad de quien escribió solapadamente la carta.

Comienzo disculpándome con Laudet y con el resto de los lectores. Y, además, condeno, como siempre lo he hecho, la cobardía de quien, sin coraje para dar el rostro en su denuncia, suplanta la identidad de otra persona.

Es inadmisible moralmente que alguien malogre la confianza que esta columna da a los ciudadanos para que expresen, con apego a la verdad, sus criterios, juicios y quejas. Nos hacemos voceros de las denuncias confiando a priori en la honestidad de los remitentes, para que ese taimado personaje, bajo el nombre limpio de Laudet, venga a hacernos esta charranada.

De una persona así, no me confiaría en absoluto de su denuncia. No obstante, las instituciones aludidas tienen la posibilidad de responder acerca de algo que ya se hizo público.

Pero recuerden: esta columna solo mantiene un compromiso con la verdad y la honestidad, con la decencia humana.

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