Reparan las redes… y no hay agua

Aminael Rodríguez Castillo (O’Reilly 360, apto. 1, entre Habana y Compostela, La Habana Vieja, La Habana) califica en su carta de «muy eficiente», «con brevedad y calidad», el trabajo de reparación de los sistemas de redes telefónicas, eléctricas, de gas y agua que hace ya casi tres años viene acometiéndose en este municipio capitalino.

Al propio tiempo, señala, no muestra la misma calidad, brevedad y eficiencia, la brigada que ha entrado atrás, encargada de tapar las numerosas zanjas y oquedades que han quedado en las calles.

Pero lo más preocupante, en su consideración, «es que después de haberse invertido tantos recursos en la recuperación de las redes, La Habana Vieja no reciba agua cotidianamente y se haya tenido que recurrir a su abasto por pipas».

Ello propicia, añade, que personas inescrupulosas se aprovechen de la necesidad y carencia del líquido para, a la vista de todos y con la anuencia de quienes pueden pagarlas, cobran diez CUC por pipa; todo ello con los recursos que el Estado pone a su disposición para cubrir la necesidad de abastecimiento de agua.

Apunta Aminael que Aguas de La Habana nada ha dicho aún de por qué, después de concluidos esos trabajos, el abastecimiento de agua al municipio no se estabiliza y regulariza.

Hay que fundamentarlo más

El pasado 27 de febrero, los habaneros Pedro A. Menéndez y Manuel González Ansoar manifestaban aquí, ante la inminencia de la distribución y venta de papa en la capital resultado de la cosecha, una serie de inquietudes, que pueden ser las de otros ciudadanos.

Censuraban la decisión tomada hace unos años de liberar la papa del sistema de racionamiento, al precio de un peso la libra; medida que, en su consideración, no estaba fundamentada en un basamento sólido de la relación oferta-demanda y de lo que sobrevendría.

Ambos lectores alertaban que, con esta cosecha, podría darse pie una vez más, a que los acaparadores y revendedores hagan su zafra después, esquilmando a quienes no alcanzaron el tubérculo, con precios prohibitivos. Y señalaban que, ante la imposibilidad de satisfacer la demanda y mientras van recuperándose las producciones del tubérculo, por qué no se buscó una fórmula intermedia como la comercialización del huevo, que mantiene una cantidad mínima normada y la otra liberada a más altos precios.

Al respecto, responde Amparo Cancio Cobarruvia, especialista de Atención a la Población en la Empresa Provincial de Mercados de La Habana (EPMA), aunque apunta que las inquietudes de los remitentes no son objeto de respuesta de esa entidad (¿de quién entonces son?).

La misiva, recibida el pasado 16 de marzo y fechada el 3 de este mes, informaba que la venta de papa a la población comenzó el 20 de febrero en la red minorista (mercados agropecuarios estatales, incluidos los del EJT, cooperativas no agropecuarias y mercados arrendados por cooperativas productoras de papa). Y en su primera etapa se limita a 20 libras por consumidor, en una red reducida, dependiendo de los volúmenes de cosecha, la que se irá ampliando de forma gradual hasta llegar a los 211 mercados.

Aclara que a los carretilleros y trabajadores por cuenta propia de los puntos de venta les está prohibido comercializar ese producto.

En su carta, la que agradecemos, Amparo presupone «que haya sido aclarado el porqué de la no respuesta, pues en la comercialización de la papa, la política la hace el Ministerio de Comercio Interior, y el que esta sea por la libreta (de racionamiento) va contra la política y los Lineamientos del Partido».

Al respecto, es evidente que la inquietud de Pedro y Manuel en cuanto a la medida de liberar la papa, no queda esclarecida con esa sucinta referencia a los Lineamientos. Es cierto que estos preconizan estratégicamente y de manera gradual, un traspaso del subsidio a los alimentos racionados hacia el subsidio a las personas que lo requieran, y la liberación de los productos en el mercado.

Pero esa es la filosofía de un proceso gradual, y lo prueba que aún la deficitaria producción de alimentos del país no ha permitido la lógica erradicación del consumo normado y la «libreta». Quizá la liberación de la papa, al precio de un peso la libra, pueda estar fundamentada; pero ello merece una explicación más profunda y convincente de quienes lo decidieron. Al menos ya en la capital se percibe una mayor oferta de papa, pero también debe conocerse por qué se prioriza y privilegia en su distribución a La Habana, en detrimento de los consumidores del interior del país.

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