El bálsamo de la atención

En el ideal de los que somos de tierra adentro una visita a la emblemática Habana casi siempre resulta motivo placentero, pero la del camagüeyano Fidel Molina Álvarez (Calzada A Vial 1, Edif. 26 de Julio, Apto. 7, Reparto Lenin), el 20 de octubre de 2014, se le convirtió en una pesadilla.

Al amanecer de aquel día llegó el agramontino a la capital y tomó, en la parada de El Trigal, la ruta PC marcada con el No. 518. Se encaminaba al puente del Cotorro, junto a un primo suyo, según narró aquí el 2 de diciembre pasado.

Prácticamente arribando a su destino, Fidel Molina sintió a su primo gritar y vio humo dentro de la guagua. El motor, como un furioso hervidero comenzó a soltar agua candente y varios pasajeros, entre ellos el remitente y su familiar, sufrieron quemaduras. La desesperación del momento fue tremenda. Y las lesiones llevaron al agramontino a tener que vendarse y atenderse sus dos pies tras el incidente.

Pero tan quemante como el chorro que de improviso lo abrasó —narraba el lector— fue la actitud poco sensible del chofer, que sin preocuparse por el estado de los pasajeros afectados, arrancó y se fue muy campante del lugar.

«¿No tiene este chofer que estar pendiente del reloj de temperatura que poseen los carros para evitar cualquier tipo de accidente? ¿Cómo es posible (…) que se vaya del lugar sin tan siquiera preguntar nada? ¿Cómo la empresa manda a dar servicios a un carro con peligro para la vida de los pasajeros? (…) ¿Qué hubiera pasado si en lugar de personas mayores hubiera viajado en el pasillo de la guagua un niño pequeño?», se cuestionaba entonces Fidel Molina Álvarez.

A propósito responde Juan Julián Caballero Martínez, director general de la Empresa Provincial de Transporte de La Habana (EPTH). «Todas las interrogantes que se hacen en el artículo proceden Con Razón; el propio compañero menciona las obligaciones de la Empresa y de nuestros choferes», comienza admitiendo el dirigente.

Y a continuación explica que los ómnibus son revisados antes de salir a prestar servicio y si sucede alguna rotura en el recorrido, el chofer es el máximo responsable de atender cualquier requerimiento o necesidad de los pasajeros.

El artículo de Acuse —señala el Director— fue discutido profundamente con la dirección de la UEB Terminal de Ómnibus Calvario y con el chofer, quien reconoció su error al no cumplir lo que está establecido. Por ello, indica la contestación, serían tomadas con él las medidas disciplinarias de rigor.

«El ómnibus MAZ 105 tiene ubicado el motor en el lateral izquierdo del pasillo al mismo nivel de los pasajeros que vayan en esa parte del vehículo. Este equipo recibió la revisión mecánica correspondiente sin detectarse averías en relación con los sistemas de enfriamiento; la manguera que se fraccionó normalmente evacua agua caliente que proviene del motor», especifica el funcionario.

Y añade que representantes de la Empresa Provincial de Transporte en Camagüey y una trabajadora de la EPTH visitaron a Fidel Molina en su casa. Se interesaron por su estado de salud, respondieron sus inquietudes y se disculparon, en nombre del chofer, de los demás trabajadores de la entidad y del Consejo de Dirección de la empresa.

El camagüeyano se sintió bien atendido y satisfecho con el interés que demostraron ante la publicación del caso los miembros de la institución, concluye la misiva.

Agradezco la explicación y solo apunto lo que pudiera tal vez parecer una obviedad: ante carencias, rutinas y agobios, no podemos perder la fibra humana imprescindible para sentir en la piel propia al menos un tilín de lo que sienten los demás. De lo contrario, las batallas futuras estarían perdidas. Y eso no puede pasar.

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