Sensibilidad, no otra cosa

No es compasión lo que merecen los limitados físicomotores y otros seres con impedimentos naturales, porque, por lo general, ellos son personas como uno, a veces superiores en la voluntad de crecerse por encima de sus propias dificultades. Sensibilidad humana y cooperación son lo que requieren esos hermanos, por parte de los individuos y de las instituciones.

Lo digo luego de leer la carta de Alejandro Vargas Barreto y Sorilín López Corcoba, presidente y vicepresidenta, respectivamente, de la Asociación Cubana de Limitados Físico Motores en la provincia de Holguín.

Cuentan ellos que el pasado 10 de marzo llegaron ambos a las 8:30 p.m. al aeropuerto Frank País, de la ciudad de Holguín, para chequear sus boletos reservados con vistas a viajar en el vuelo de las 11:00 p.m., con destino a La Habana. Les informaron que iban a tratar de adelantarlos en el vuelo que iba a salir a las 9:00 p.m., porque el de las 11:00 p.m. venía con retraso.

Y cuando fueron en sus respectivas sillas de ruedas a chequear los pasajes, les dijeron que no había paramédicos para trasladarlos hasta el avión. Resultado: no pudieron irse en ese vuelo y tuvieron que esperar hasta las 2:30 de la madrugada, cuando llegó el avión que debió haber partido a las 11:00 p.m. Y a la hora de recibir la ayuda de los paramédicos para subirlos y ubicarlos en el avión, apreciaron «la poca sensibilidad con que lo hacen, el desánimo, y hasta su ausencia en el puesto cuando los necesitan, lo que a veces demora la salida de los vuelos», señalan.

«Se supone que ese medio (el aéreo) sea uno de los más eficaces para que las personas con discapacidad severa viajen, porque no tienen que estar horas esperando la travesía; pero la realidad es que esta cadena de irrespeto e informalidades afecta la calidad y la imagen de dicha línea. Y la solución no es que las personas con discapacidad no viajen en avión, sino que se ofrezca un servicio que se corresponda con las necesidades del cliente y el costo del pasaje», refieren.

Cuentan también que en una ocasión anterior que viajaron a La Habana, a Alejandro, por una mala manipulación, se le lastimó el coxis. Esta vez, al retornar de La Habana a Holguín, el vuelo debía salir a las 10:00 a.m. Y cuando fueron a chequear los pasajes a las 8:00 a.m., les informaron que este se había refundido con el de las 10:00 p.m.

Se dirigieron al jefe de la línea aérea para ver qué posibilidad había de adelantarlos en otro vuelo. Y les dijeron que eso no dependía de ellos, porque Aerocaribbean vendía sus vuelos por su parte, y Cubana por la suya.

Alejandro y Sorilín apuntan: «¿Y nadie piensa en nosotros? ¿Cómo vamos a estar dos personas en sillas de ruedas esperando un vuelo tantas horas en una terminal aérea? ¿No pudieron avisarnos de la situación del vuelo refundido? ¿No podían ofrecer una solución más sensible y humana, de acuerdo con nuestras características?

«¿Qué está pasando con los paramédicos que asisten a las personas con discapacidad en los aeropuertos, que te reciben prácticamente haciéndote saber que es como un favor el servicio que te prestan?

«Es vital, además, que revisen las características físicas de las personas que designan para esas funciones, las cuales deben ser fuertes y relativamente jóvenes; así nos evitarían recibir respuestas como que pesamos mucho, o que están ellos afectados de la columna», concluyen.

La receta de los sin receta

Margarita Rodríguez escribe desde Valle 11, entre Espada y Hospital, Centro Habana, en la capital, para plantear una inquietud acerca de las consecuencias que ha traído la decisión de liberar la venta de ciertos medicamentos en las farmacias.

Refiere ella que tiene indicado por su médico tomar ácido fólico por buen tiempo. «Hasta ahora iba con la receta médica y siempre lo podía adquirir. Pero a partir de que se liberó la venta de este producto, cuando sacan los medicamentos en la farmacia la cola es terrible. Y a la hora, ya el medicamento se agota», detalla.

«¿Es que estamos dando facilidades a los revendedores para que abusen de algo tan necesario para pacientes que no pueden prescindir de él?», pregunta Margarita.

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