De consultorio a funeraria

Cuando el colaborador Ricardo Ramírez retornó de una misión en Venezuela a su hogar, en calle Las Palmas sin número, en el poblado camagüeyano de Senado, descubrió que para el lado de su casa, donde había un consultorio del médico de la familia, habían trasladado la funeraria del pueblo.

Averiguó. El presidente del Consejo Popular le dijo que el antiguo local de la funeraria estaba en peligro de derrumbe. Siguió la investigación: el local de la funeraria lo que presentaba era unas cuarteaduras en las paredes, pero tenía todas las condiciones: dos entradas, área de parqueo, salón de espera, cuarto para preparar a los fallecidos, teléfonos, dos baños y merendero.

Y supo que en el local de la funeraria vive ahora la directora de Servicios Comunales. Ricardo se pregunta: «Si está en peligro de derrumbe, ¿cómo se lo van a dar a esas personas para que vivan allí?».

El traslado de la funeraria para el local del consultorio, según Ricardo, está afectando a los vecinos: «La habladera y gritería de los familiares de los fallecidos, la peste a orina y a estiércol de los caballos de los carretones que trasladan a las personas hasta allí y son amarrados a las cercas y aceras, obstruyendo el paso…». Y los vecinos se ven precisados a prestarles a los dolientes los servicios inexistentes en ese lugar: baño, agua y teléfono, entre otros.

Ricardo tramitó su queja en las direcciones provincial y municipal de Comunales y en el Gobierno municipal. Y no le convencieron las respectivas respuestas: «Lo único que había que hacer era reparar unas grietas en las paredes. Lo más rápido fue trasladarla a otro sitio con espacios muy reducidos y sin condiciones», concluye.

Lo tomas o lo dejas

José Ramón Crespo necesitaba hacer unos arreglos en el baño de su casa, en calle Rabí No. 56, en la localidad espirituana de Guayos, para lo cual necesitaba apenas cinco o seis losas. Y qué manera de complicarse…

Fue hasta el punto de venta de la tienda Islas Canarias, de la Cadena TRD en el municipio de Cabaiguán. El empleado le atendió solícitamente, pero… ¿cuándo desaparecerán los peros?...le explicó que no podía vender las losas fraccionadas. Tenía que adquirir la caja completa, aunque no las necesitara en tal cantidad.

«No entendí la explicación, señala el comprador. Si yo necesito dos, cuatro o seis losas, ¿por qué debo comprar una caja? ¿Qué hago con las otras?

«Le pedí al dependiente que me facilitara el libro de quejas y sugerencias. Y este optó por mandar a buscar a la gerente, quien, con una agradable sonrisa, me comunicó que era una disposición de la cadena, y que ella nada podía hacer. Y acto seguido me facilitó el teléfono de la entidad en la provincia para que planteara la queja.

¿Es cierto que es una disposición de «arriba»? Y si es así, ¿no sería más lógico que se modificara, de manera que el cliente comprara lo que verdaderamente necesita, como se está haciendo con la venta de otros materiales de la construcción?, apunta José Ramón.

Eso es expresión de lo que más de una vez este redactor ha calificado como «la tiranía del mostrador», la supeditación del consumidor a la comodidad de quien brinda el servicio, cuando debiera ser todo lo contrario…

Agradecido Nauta

Con una cuenta nauta.cu, para ahorrarse gastos se hacen prodigios de síntesis y estilo entrecortado que ya quisieran incluso profusos escritores y periodistas. Observen al respecto lo enviado por Ricardo Lacaba, vecino de Calle C número 407, entre 17 y 19, Vedado, La Habana:

«Bloqueo hay. Afecta a instituciones y hospitales, creando problemas objetivos y fermentando caldo de cultivo para los subjetivos. Pero cuando se crece íntegramente un colectivo hospitalario, se minimizan esos problemas.

«Llegar en un auto, en estado crítico. Custodio raudo me pasa a médico de guardia. Atención inmediata, con los más avanzados recursos del Hospital Neumológico Jurídico. Ingreso. Ya llevo nueve días en la sala Carlos Fernández, cama 68. Superatención de enfermeras (os). Faltan algunos aseguramientos. ¡Sí! Problemas y procesos constructivos. Pero lo compensan la ética y la solidaridad humana de las doctoras Mercedes, Libertad, y los doctores Malleta, Sergio y Heberto. A todos, eterna gratitud, por tratar de salvar una vieja vida maltratada por 46 años de fuma…».

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