Palabras no alimentan

El pasado 26 de marzo reflejé la inquietud de Alberto Gavira, residente en Camagüey, acerca de las frecuentes irregularidades en esa ciudad en la distribución del yogur de soya racionado para niños de siete a 13 años.

Cuando me escribió el 16 de marzo, hacía seis días que no aparecía el producto en la tienda La Calidad. Y Alberto refería que en su lugar no se distribuía «leche u otra solución, para que esos niños puedan ir a la escuela con un desayuno decente y necesario».

El remitente manifestaba que tiene dos hijos, uno de ocho años y otro de 11, por lo que podía imaginar la situación que enfrentaban muchos otros padres en esa zona de Camagüey.

Al respecto responde en una carta fechada el 31 de marzo Carlos Agramonte Reyna, director de Balances y Ventas de la Empresa de Productos Lácteos de Camagüey, quien ofrece disculpas «por las molestias ocasionadas por la inestabilidad en la entrega de yogur de soya embolsado en la distribución de siete a 13 años, que sabemos de antemano no resolverá a estas alturas los disgustos provocados».

Precisa que durante una visita el pasado 30 de marzo al domicilio de Alberto, José García Díaz, jefe del Departamento Provincial de Ventas de esa entidad, le explicó las situaciones presentadas del 10 al 20 de marzo: las fábricas camagüeyanas de yogur de soya presentaron problemas tecnológicos para el cumplimiento de sus producciones.

Recalca que se pidió ayuda en la producción a Lácteos Ciego de Ávila y Lácteos Las Tunas, pero estas no pudieron cumplir con las demandas solicitadas. Ello trajo consigo una disminución considerable en la entrega de ese alimento, «y no pudo garantizarse por sustitución algún otro producto o leche fluida, debido a los bajos niveles de acopio de leche fresca». Y añade que en esta época del año la leche acopiada apenas alcanza para la distribución a la población.

Precisa al final que «hoy la Empresa ha garantizado el cumplimiento de las producciones físicas del yogur de soya embolsado», y afirma que «nuestra empresa tomará todas las medidas para que situaciones como estas no vuelvan a repetirse».

Agradezco la respuesta, y solo agrego que, precisamente por los bajos niveles de producción de leche del país con respecto a la demanda, solo se garantiza el litro diario de esta a los niños hasta los seis años de edad, y a partir de los siete años y hasta los 13 se les vende racionadamente el yogur de soya.

Estos pequeños no pueden pagar los problemas que puedan tener en algún momento los productores de leche y las fábricas de yogur de soya. Hay que crear un mecanismo de reserva en los territorios, con alternativas, tanto para la leche fluida como para el yogur de soya. El desayuno de los niños debe ser sagrado. Las explicaciones no alimentan.

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