La brigada que no llega…

La doctora Annia Silvente Concepción (Tulipán 1012, esquina a Loma, Nuevo Vedado, La Habana) escribe en nombre de todos los padres de los alumnos de la especialidad de clavados en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) Mártires de Barbados, con la esperanza de que se resuelva el problema existente con el tanque de esa especialidad en dicho centro docente.

Precisa Annia que el tanque de clavados sufrió una avería el 29 de septiembre de 2014, por lo cual el nivel del agua descendió. Y ello ha hecho imposible su uso para el entrenamiento en agua de los atletas.

Se decidió vaciar el tanque, precisa, para que una brigada fuera a valorar el caso, y hacer el diagnóstico de la avería, y dar la solución específica.

Pero desde entonces se espera la visita de la tan mencionada brigada. Y no aparece. Según les han explicado a los padres la jefa de cátedra y la subdirectora deportiva, tal situación se ha planteado por las entrenadoras en reuniones a todos los niveles. Y es de conocimiento del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), así como de la Dirección Provincial de Deporte.

«Pero lo real, subraya Annia, es que el tanque de clavados permanece vacío. Nuestros hijos el pasado año lograron, con el esfuerzo colectivo de sus entrenadoras, que son maravillosas, alcanzar el primer lugar por provincias durante tantos años ansiado.

«Por ello, continúa, se han ganado el derecho a una atención y una explicación lógica. Y sobre todo a una solución.

«Realmente es una lástima que en estos momentos, cuando se habla tanto de la base como formadora de futuros campeones que pongan en alto el prestigio del país, se dejen al descuido problemas como estos.

«No entendemos que en más de seis meses no exista una brigada que pueda ir a ver en qué consiste el problema. ¿O es que no existe tal brigada que anunciaron? El problema se agudiza, pues en la ciudad no hay en estos momentos otro tanque funcionando», concluye la doctora Annia.

Tengo, vamos a ver...

Alberto Hernández Noriega (Calle 220 nro. 715, entre 7ma A y 9na, Siboney, La Habana) cuenta que hace poco fue a la Isla de la Juventud y le informaron en el Centro de Buceo Internacional que radica cerca del Hotel Colony, que a los cubanos, aunque tengan dinero para pagar por los servicios y bucear con los equipos y profesionales de la Marina Marlin, les está prohibido hacerlo, a diferencia de los extranjeros.

«No entiendo, argumenta Alberto, cómo aún después de que se hayan eliminado las restricciones a los cubanos para disfrutar de los hoteles y el turismo, aún queden personas que generen trabas para el correcto disfrute de los dueños de esta tierra bella, admirable por encima y por debajo del nivel del mar. Soy un amante del buceo y quisiera una respuesta convincente a mi inquietud», concluye.

Facilitar la baja denominación

Eligio Álvarez (Avenida 19 nro. 2809, entre 28 y 30, Quivicán) alerta de que hay una apreciable escasez de monedas de 20 centavos y de billetes de un peso, en momentos en que se emiten billetes de alta denominación.

A una persona que recibe su salario o su pensión de 200 pesos, añade, se lo pagan muchas veces en billetes de 50 y 100. Entonces, tiene que cambiarlos por necesidad. «He ahí el problema, señala; no es malo que se les pague con un solo billete, pero hay que tener la garantía de que funcionan adecuadamente los mecanismos de cambio».

Denuncia el remitente que en la red comercial, tanto estatal como privada, ni aún comprando algo o hasta dejando una propina en ciertos casos, acceden a cambiarle los billetes.

Eligio considera que las instituciones bancarias debían colocarse en el lugar de las personas de escasos recursos que acuden al Banco por necesidad y obligación. «Aun cuando la situación creada no es responsabilidad del Banco, eso no les exonera de efectuar el cambio, ni los autoriza a maltratar a quien acude allí sencillamente a cambiar.

«Sería bueno analizar si la cantidad de monedas y billetes de baja denominación resulta insuficiente para el desenvolvimiento de las actividades normales de la población», concluye Eligio.

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