Los muros de la burocracia

Así califica Héctor Martínez Castillo lo que se le interpone en sus demandas, desde avenida 54, Nro. 1913, entre 19 y 21, en la ciudad de Cienfuegos.

Cuenta el remitente que ha presentado pruebas de que sus vecinos han pedido un permiso de ampliación sobre un pasillo lateral para techarlo, que lo dejaría a él sin ventilación ni iluminación natural, pues esa vivienda está dividida desde 1997 por los propietarios anteriores.

Refiere que los vecinos han comenzado a preparar una escalera para acceder a la azotea, que es totalmente de su propiedad, sin su conformidad y asentimiento.

Héctor intentó ver al Director provincial de Planificación Física, para expresarle su inconformidad con el trabajo del departamento que aprueba los proyectos de construcción. Y fue atendido por la funcionaria de Atención a la Población de esa institución, la cual, solícita  y educada, lo llevó por todos los departamentos de esa entidad que tenían que ver con su caso.

Como no pudo acceder al Director de Planificación Física provincial, solicitó al jefe del Departamento Jurídico del Instituto de Planificación Física (IPF) Nacional que se investigaran las ilegalidades que le afectaban.

Llamó Héctor al Departamento Jurídico del IPF el 30 de abril, y lo remitieron al Departamento de Atención a la Población. Allí preguntó si su correo había sido entregado al Departamento Jurídico. Y le respondieron que ellos remitían esos casos a los Gobiernos territoriales para su investigación.

«¿Cómo se entera el Presidente del IPF de los problemas de sus dependencias en las provincias?», se pregunta.

Manifiesta Héctor su preocupación, pues estas quejas podrían quedarse en las hendiduras de la burocracia, sin el conocimiento de los jefes, que nunca conocerían los problemas que tienen en la base, concluye.

Excelencias

Alain Echevarría Licea está impresionado de ternezas y excelencias, en medio de muchas asperezas cotidianas; y por eso me escribe desde Infanta 1451, entre Estévez y Universidad,  en el capitalino municipio de Cerro.

Cuenta el remitente que recientemente visitó su natal terruño de Las Tunas, y decidió llevar a su mamá y el resto de sus familiares a cenar al restaurant estatal 2007 de la capital provincial.

Desde afuera, el sitio le parecía algo especial. Pero esperó a despejar las engañosas envolturas visuales, porque el consumidor cubano tiene un gran olfato para distinguir lo auténtico de lo falso y mediocre.

«La sorpresa llegó cuando traspasamos el umbral de la puerta, afirma. La atención era increíble y la sonrisa estaba por doquier. Reinaba un ambiente tranquilo y apacible. Y para estar más contento con la estancia allí, la comida era divina. Bien elaborada y con buena presencia, exquisito sabor y precios asequibles.

«Quisiera que en cada rincón de nuestro país existieran sitios como el 2007, y que las personas derrocharan amor, sonrisas y buenos modales, que necesitamos para tener momentos de tranquilidad y felicidad junto a la familia».

Alain felicita a ese colectivo de trabajadores que desmiente el mito de que la excelencia y el esmero solo florecen en el negocio privado. Y en especial, reconoce a Balexis Nieves, Ángeles Leyva, Magalis Cutido, Misdelis Avilés, y al chef Bernardo Betancourt.

Alain  exhorta a esos excelentes gastronómicos «a conservar los valores que tienen, y a continuar trabajando así como lo hacen, pues eso los hará más grandes ante nuestra sociedad y ante nuestro pueblo, que tanto aprecia su excelente trato y amabilidad».

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