¿Hasta cuándo el no, no, no…?

El ciudadano al que llaman cliente a veces se cuestiona si lo es en propiedad. Y como piensa con cabeza propia y juzga de acuerdo con las irregularidades que sufre, se pregunta mucho más: ¿hasta qué punto las insuficiencias en el servicio que deben prestarle diversas entidades estatales responden a verdaderas limitaciones objetivas y de recursos, o a indolencias, indisciplinas y falta de rigor?

Hilda Trujillo es cliente de la Empresa de Gas Licuado, allá en su hogar en Márquez González 108, entre Concordia y Virtudes, en el municipio capitalino de Centro Habana. Y, por problemas de seguridad, en esa zona tan congestionada habitacionalmente no hay puntos de venta de las balitas de gas. Existe el sistema de distribución puerta a puerta, a cargo de la Empresa.

Cuando se decidió ampliar la venta de gas de forma liberada en la capital, a precios más altos, sin abandonar la comercialización tradicional y racionada de ese combustible doméstico a precios bajos, extendieron los ciclos de reaprovisionamiento de la modalidad normada. A Hilda, por ejemplo, de 19 días para consumir una balita, se lo extendieron a 23.

«Pero antes, con 19 días de ciclo, casi nunca la Empresa cumplía el contrato, señala Hilda. Pasaban 25, 28 o más días para adquirir la nueva balita. Y en las oficinas donde uno llamaba, en Luyanó, respondían que el carro de transportación estaba roto, o, sencillamente, no había carro para distribuir en Centro Habana».

Ahora que su ciclo es de 23 días, y supuestamente deben garantizar con puntualidad el gas normado, Hilda revela que tampoco cumplen con el cliente.

«Han pasado seis días desde que ya me tocaba, refiere, y nada de nada. Y lo más preocupante es que el ciclo empieza a contar desde el día atrasado en que me lo sirven, no desde cuando me correspondía. O sea, que en vez de 23 días, ya mi ciclo va por 29 días…

«Quisiera saber si la Empresa de Gas Licuado tiene alguna respuesta para mí, pues ella no sirve el gas el día que toca. Y al final, los clientes no tenemos con qué cocinar», concluye Hilda.

Con toda razón, en el caso de Hilda uno supone que si, precisamente, se adicionó la venta liberada de gas junto a la racionada, ello debe responder a una mayor disponibilidad del combustible y, sobre todo, a la posibilidad de cumplir puntualmente con la prioridad del gas racionado.

No se juega con el peligro

Nereida Argudín Landa (calle 92-C, No. 6121, entre 61 y 63, Pogolotti, Marianao, La Habana) espera desde el 15 de octubre de 2014 por que la Empresa de Gas Manufacturado cumpla con su solicitud como cliente.

La petición aún no atendida es de cambiar el reloj de medición y la entrada del «gas de la calle» a su casa, pues donde está, constantemente hay agua, y se corre el riesgo, dado el deterioro que presenta la tubería, de que en cualquier momento se le abra un orificio.

De octubre a la fecha, Nereida ha ido en varias ocasiones a las oficinas comerciales del Gas Manufacturado, sitas en avenida 51-A, entre 92-B y 94, en Marianao. Y ha llamado allí un promedio de dos veces por mes, para hablar con la comercial.

«Siempre tengo la misma respuesta: no han entrado materiales, los trabajos están paralizados. ¿Cómo es posible que, a estas alturas del año 2015, me sigan diciendo que no han entrado materiales, y en la calle ves los carros que hacen los trabajos con tuberías y relojes? ¿De dónde salen esos materiales? ¿Tengo que esperar a que se rompa la tubería y haya males peores? ¿Es que al país no van a entrar más tuberías galvanizadas?».

Este y el caso precedente son muestras de cómo ciudadanos angustiados por urgencias insatisfechas, no  ya por situaciones que puedan esperar, ni siquiera tienen una información fundamentada del porqué están abandonados a su suerte. ¿Será siempre que no hay, que no ha llegado, que no, que no, que no? ¿Cuándo, siempre que sea posible, llegará disciplinada y puntualmente el sí?

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