¿Descansan en paz?

Desde Mártires de Vietnam 429, entre Titá Calvar y Ana Segrera, Manzanillo, denuncia Juan Lucas Polo Pulgar que el cementerio de esa ciudad es víctima de frecuentes robos a la memoria y el respeto de los muertos por parte de los vivos que se creen «vivos», y al final son despreciables rateros.

Revela Polo que el panteón de su familia, el número 855 de la zona Ñ, hilera 28, desde 2010 es objeto reiterado de robos de candados. Y desde octubre de 2012 hasta mayo de 2013, se llevaron del panteón familiar el puente de madera preciosa y la alfombra. Más recientemente cargaron con la puerta de cristal, de 96 pulgadas de largo por 30 de ancho y media pulgada de grueso.

Precisa Polo que después de varias quejas ante la administración de la necrópolis, se dirigió a la Dirección Municipal de Servicios Comunales, donde le atendió muy gentilmente la compañera Caridad Safons.

Y esta, añade, le encomendó al inversionista Julio Maceo que en los talleres de esa entidad se encargaran de garantizar una nueva puerta, con láminas de metal, para garantizar al menos la seguridad del panteón.

Entonces Polo colocó en el mismo un candado de combinaciones. Y el pasado 15 de enero, cuando volvió al panteón familiar, se encontró con que, una vez más, le habían robado el candado.

El afectado se dirigió a la oficina de Servicios Necrológicos, y allí Alexis Antúnez se comprometió con él en reponer el candado sustraído. Eso fue el mismo 15 de enero, y el 20 de mayo pasado, cuando Polo me escribió, aún aguardaba por el dichoso candado y las respuestas a más de diez quejas que ha formulado a la dirección del cementerio, que no ha resuelto nada.

Lista de desespero…

En materia de instalación telefónica, Etecsa tiene establecida una prioridad para los traslados. Pero en el caso de Carmen Chávez Naranjo, vecina de avenida 60, No. 5705-A, entre 57 y 59, en la ciudad de Cienfuegos, las ordenanzas no se cumplen disciplinadamente, según ella.

Cuenta Carmen que luego de mudarse, lleva un año y 14 días desgastándose en gestiones continuadas para que acaben de instalarle su servicio telefónico, muy necesario porque ella trabaja, y su madre de 85 años queda sola en la casa, y si se enferma no puede avisarle.

Afirma la clienta que en todo este tiempo las visitas a la oficina comercial de Etecsa han sido innumerables. Primero, con la funcionaria Mercedes López, y después con quien relevó en el cargo a esta, Miriela.

Y con los dos jefes comerciales de la Delegación Territorial, uno primero y después el actual, solicitó con un mes de antelación una entrevista con Antúnez, el jefe de Etecsa en el territorio. Se la otorgaron, y el día de la cita, la secretaria de este le manifestó a Clara que Antúnez estaba de vacaciones.

Ese día la atendió por sustitución Miguel A. Suárez, quien se comprometió a ocuparse del asunto. «Hace siete meses de eso, y no he tenido respuesta», enfatiza la lectora.

Incansable, Clara siguió insistiendo con el comercial de la territorial, quien el 14 de diciembre de 2014 le aseguró que antes del 31 de ese mes el problema quedaría resuelto. Y nada.

El 31 de marzo de 2015, Carmen fue de nuevo a la oficina comercial y la jefa, Miriela, le dijo que no tenía respuesta para ella.

Más adelante, el 13 de abril, solicitó de nuevo entrevista con Antúnez, y la recepcionista le dijo que Raquel, la secretaria de este, estaba de vacaciones, por lo cual nadie podía atenderla.

«Alrededor de mi casa —refiere Carmen—, han puesto más de cinco teléfonos, unos “cedidos”, y otros nuevas asignaciones. Sin embargo, yo tengo el número dos en la “lista de espera” de esta zona, y sin escrúpulo alguno me dicen que espere. ¿Hasta cuándo durará la falta de respeto de Etecsa con sus clientes?».

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