Con la misma piedra…

El día de cobro es sagrado e inamovible, y ya llueve sobre mojado la historia de las irregularidades en la fecha de pago a los trabajadores de la residencia estudiantil Los Laureles, del capitalino municipio de Cotorro, adscrita a la Unidad Presupuestada Residencias de la Dirección Provincial de Educación.

El 8 de mayo de 2014, reseñé aquí la denuncia de Idania Febles, trabajadora de dicha residencia: allí se cobra los 10 de cada mes, y en febrero de ese año pagaron el 12, pero a un grupo de trabajadores no le salió el salario ni ese día. En abril situaron el dinero el 11, pero en el caso de Idania aún el 14 no había podido cobrar.

«De la Unidad Presupuestada Residencias, señalaba, nadie de los que tienen que ver con mi problema ha tenido la delicadeza de darme una explicación. Y yo pregunto: ¿Hasta cuándo los trabajadores vamos a seguir permitiendo esa irresponsabilidad de quienes nos dirigen? ¿Cómo es posible que tenga que esperar más de cuatro días después de la fecha de cobro por ineficiencia de alguien?».

El 1ro. de julio de 2014 reflejé la respuesta de Elio Francisco Bill Lescaille, director de la Unidad Presupuestada Residencias: reconocía la razón de Idania y afirmaba que en el caso del pago de febrero de 2014, vino a acreditarse en el Banco el 11 de ese mes, debido a insuficiencias organizativas, provocadas por el completamiento de la plantilla solo con dos compañeras, quienes no conocían toda la actividad. Y ello causó atrasos en la entrega de información del balance económico y, a su vez, en la información para el pago de los trabajadores.

De abril de 2014, refería que se acreditó el día 10, pero el número de tarjeta de Idania tuvo un error, y aunque se corrigió rápidamente, cuando lo hicieron ya venía el fin de semana y el Banco no tenía operaciones hasta el siguiente lunes.

Elio precisaba que aunque el Departamento de Contabilidad informó a Idania de la situación, no se hizo en la persona del director y el subdirector económico de la Unidad Presupuestada, y fue lo que más molestó a la afectada. Calificó de «incorrecto y criticable» el suceso.

Acotaba Elio que se había hecho un análisis crítico con los trabajadores del Departamento de Contabilidad y Recursos Humanos de la Unidad Presupuestada, y otro con los miembros del Consejo de Dirección de la referida dependencia. Y se le hizo un señalamiento crítico al subdirector económico, Julio César Barrera, y a Vilmaris Leyva, técnica de Recursos Humanos de la Unidad Presupuestada Residencias, con repercusión en sus evaluaciones respectivas.

Además, reconocía, «se socializó el estudio del caso en el Consejo de Dirección, lo cual es válido para evitar otras situaciones que puedan existir».

Pues acabo de recibir la carta de José Julián Guerra, en nombre de los trabajadores de la residencia Los Laureles, para denunciar que persisten las violaciones del pago, fijado en los días 10, según Convenio Colectivo de Trabajo.

Precisa que el salario correspondiente a enero de 2015 se les pagó atrasado a dos trabajadores. El de marzo se cobró también morosamente, al igual que el correspondiente a abril, con el agravante de que todos contaban con ese dinero para celebrar el Día de las Madres. Y que el sábado 9 de mayo el director de la Unidad Presupuestada llegó a la residencia Los Laureles y, sin pasar del área de carpeta, le comunicó a una custodio que le preguntó sobre el pago, «que no se pagaría hasta el 11 o el 12 de mayo, pues alguien metió mal el dedo y provocó un error que originó la no aceptación por el Banco de la presentación del pago».

«Imagine la indignación de todos nuestros trabajadores al conocer esa noticia», manifiesta José Julián.

En síntesis, que la Unidad Presupuestada se da no dos, sino muchas veces con la misma piedra. Pervive impune la violación, y no bastaron los análisis en el Departamento de Contabilidad y Recursos Humanos de la Unidad Presupuestada, ni en el Consejo de Dirección, ni los «señalamientos críticos» al subdirector Económico y a la técnica de Recursos Humanos. No resultó tampoco que se socializara el estudio del caso en el Consejo de Dirección, para evitar que situaciones similares se registraran.

Aún siguen vigentes las palabras de este redactor al comentar la respuesta del 1ro. de julio: «Señalamientos críticos tan suaves sobre un proceder que es mucho más que “incorrecto y criticable” —¿hasta cuándo los regaños?— no resarcen a esta hora la molestia de esos trabajadores. Ojalá que tales conductas se eviten para siempre».

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