Bajo voltaje de la atención

«Pensé en escribir esta odisea cuando se acabara, para contar el final, pero no puedo esperar, ya que parece que nunca lo tendrá». Así inicia su misiva Julio Sánchez Castro (San Rafael 604, entre Gervasio y Belascoaín, 1er. piso, Centro Habana).

Resulta que desde el año pasado, Julio ha estado visitando la sucursal de Reina de la Unión Eléctrica en su municipio, con el objetivo de que se inspeccionaran los constantes altibajos del reloj contador de su casa. En el Departamento de Inspectores de la mencionada unidad le aseguraron en varias ocasiones que si el reloj subía y bajaba era que funcionaba bien, evoca el remitente.

En septiembre de 2014 —sostiene el capitalino— fue a quejarse su hermana por el mismo problema y le dijeron que la reclamación ya estaba registrada, que iría el inspector a revisar el dispositivo. Al ver que no lo visitaban, Julio volvió. Finalmente fue al domicilio un inspector nombrado Guillermo y le dijo al reclamante que efectivamente, había saltos no lógicos en los registros de consumo, pues en septiembre registró 334 kW y en noviembre 335 kW, cuando el promedio era de 250 kW, que se presentaría un ajuste.

El 15 de diciembre le cambiaron el reloj a la vivienda, con lo cual se confirmaba que el aparato estaba defectuoso. «La cuenta del mes de enero de 2015 me viene por 250 kW, y debió venir por 184 kW, por la cuenta del reloj anterior y el nuevo».

Alrededor del 15 de enero presentó Julio la reclamación y cobró un monto de 35,20 pesos, que representaba el ajuste que le había anunciado el inspector Guillermo en noviembre.

En marzo 20 presenta el afectado una nueva queja, «ya que me habían cobrado “por promedio” 246 kW, cuando consumí 168 por la lectura del reloj que consta en los recibos». La reclamación fue recibida por el inspector Enrique, quien aseveró a Julio que no procedía, porque le facturaron por promedio, a lo que el cliente replicó que debía ser por el consumo y que no estaba de acuerdo.

Tras esta desavenencia, el inspector le comunica a Julio que iría al día siguiente a su casa, de 10:00 a.m. a 2:00 p.m. a revisar el reloj, lo cual no ocurrió, según narra el remitente.

«Visito la sucursal Reina, de nuevo, el 9 de abril y pido una entrevista con Yusimí Suárez, jefa de los Inspectores, y me tomó los teléfonos para avisarme de las dos reclamaciones, la de enero y la de marzo, y (dijo), que me llamaría el martes 14, lo cual no hizo», evoca el lector.

El 16 de abril retorna el cliente a la sucursal de marras. Se entrevista otra vez con la Jefa de los Inspectores. Esta le plantea que la primera de las dos quejas más recientes no había procedido y que la de marzo estaba «en proceso y que se demoraría algún tiempo (…) ya que debía pasar por varios departamentos», afirma.

«En definitiva tengo tres reclamaciones, de las que solo me han pagado una, o sea, quedan dos pendientes; pero en ningún caso me dieron constancia por escrito, por lo que se pueden suscitar confusiones», se duele el lector. Y cierra su misiva con varias interrogantes que sería bueno respondieran las autoridades correspondientes de la Empresa Eléctrica.

«¿Qué defensa tiene un cliente ante las reclamaciones si no presentan las pruebas por escrito? ¿Por qué se demoran tanto las respuestas a las reclamaciones? ¿Por qué al preguntar qué medidas se habían tomado para que no se repitieran estas situaciones me contestaron que eran problemas administrativos que no tenían que informarme?

Banco de amabilidad

La veterana capitalina Tania Asunción Delgado Valdés (Martí No. 264, entre Pereira y Ambron, Regla) no quiere que se olvide nadie en su recuento de gratitud. El 18 de abril pasado, en el Hospital Militar Doctor Luis Díaz Soto se hizo el tratamiento de inserción de células madre en ambas rodillas. Y gracias a la profesionalidad y buen trato de los compañeros del Banco de Sangre se pudieron sortear problemas materiales que surgieron antes del tratamiento.

Los protagonistas de la hazaña fueron la licenciada Milagros Pérez Peña, la jefa técnica Migdalia Rodríguez Arocha, la licenciada Esther Valdés Oquendo, la empleada Victoria Tabares y los doctores Hasesky y Andrés. A ellos esta cubana les estará por siempre agradecida.

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