«Ataques» sonoros

Con el ruido ya diluvia sobre lo empapado. Y por supuesto que la cosa no va en tomar medidas radicales sin concienzudos análisis, pero tampoco en que estos se dilaten y dilaten tanto que vaya a llegar la solución ya cuando tímpanos y equilibrio mental sean difuntos.

Silencio. Tan solo con unas arrobas de silencio debe soñar la granmense Raquel María Calas Garriga (Céspedes 73-A, Niquero), quien, según narra, vive junto a su familia al lado de la casa de la Cultura municipal, «donde hace tres semanas nos ponen cuatro bafles en la ventana».

En la casa de María, que es de madera, conviven, además, un bebé de seis meses de nacido, otro de tres años de edad, su mamá y sus abuelos. Allí, evoca, «es imposible estar, pues la casa se estremece y el ruido, por muy bajo que esté, no permite a los niños conciliar el sueño ni a los adultos desempeñarnos en las labores cotidianas». De hecho, la más veterana del hogar, enferma, se tuvo que ir porque le era francamente imposible resistir tantos decibeles.

«Las camas y la cuna del bebé están a solo cuatro metros de los bafles —apunta la granmense—, todo esto es agregado a la tortura psicológica a la que estamos expuestos por más de tres años, pues en los bajos de la casa hacen guardia dos custodios que hablan debajo de la persiana del cuarto y, además, se hace cola toda la noche para la agencia bancaria que está al frente».

Y añade: «Hemos hablado con el Director municipal de Cultura y dice que eso es para amenizar la calle, que no lo va a quitar, y a una cuadra tiene puesto otro bafle con música estridente también; nos hemos quejado a todas las instancias del municipio y ninguna nos ha podido ayudar (… Gobierno, PNR, CITMA, Centro de Higiene, Puesto de Mando del Gobierno). Solo responden que es una actividad programada y nada pueden hacer».

¿En verdad nada se podrá hacer? ¿Y a qué se debe el incremento decibélico, porque, por la carta de Raquel María la escalada parte de los últimos meses? ¿Qué circunstancia especial se desarrolla en la institución? ¿Podría el Gobierno municipal hallarle una alternativa de salida a este ruidoso asunto?

De lo que sí está convencido este redactor es de que los niños pequeñitos, aún con sus oídos vírgenes, como me decía hace unos días una joven mamá, no deberían sufrir «ataques» como este.

Peligro: Albañales

Mabel Fernández de Landa Capotes (Edificio 16, apto. 24, Zona de Desarrollo Municipio Güines, Mayabeque) escribe en nombre propio y de un grupo de vecinos, pues le preocupan mucho «las condiciones higiénico-sanitarias en que se encuentra la zona donde vivo. Llevo viviendo en dicho lugar 16 años y, por esta fecha, cuando comienzan las lluvias, empieza el sufrimiento para los moradores (…) con el vertimiento de las aguas albañales, las cuales brotan como manantial por debajo del edificio».

Dichas aguas negras, sostiene la mayabequense, inundan el único tramo de calle que tenemos, porque lo demás que existe en la zona son callejones». Y rememora que el año pasado, tras un brote epidémico, comenzó a llamar a diversas instituciones: Comunales, Acueducto y alcantarillado, Gobierno municipal, etc., y terminó siendo atendida por el Director Provincial de Acueducto y Alcantarillado en aquel momento, vía telefónica.

«Se me alegaba que el carro especializado estaba parado por gomas, el cual yo había visto y fotografiado en lugares de casas privadas (…). Las respuestas de todos los organismos eran las mismas: “Estamos priorizando tal municipio que se encuentra en situación crítica”, “El carro roto”...», refiere la lectora.

Y precisa que de lo que se trata es de darle solución al asunto, no seguir yéndose por la tangente. ¿Qué dicen los implicados?

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