¿Qué sucede con el yogur de los niños?

Llueve ya sobre mojado, más bien sobre lo no esclarecido, en cuanto a las irregularidades con el yogur de soya que se vende normadamente para el consumo de los niños de siete a 13 años.

A la queja del camagüeyano Alberto Gavira publicada aquí el 26 de marzo del presente año, acerca de frecuentes fallas en la distribución de ese producto en la capital agramontina, ahora se suma la de Roberto de la Cruz Díaz, vecino de San Pedro 709, apartamento 10 C, entre Hidalgo y Estancia, Nuevo Vedado, La Habana.

Refiere Roberto que en varias circunscripciones del municipio de Plaza de la Revolución no se está abasteciendo, según lo normado, el yogur de soya, desayuno indispensable para los pequeños en edad escolar.

Para agravar los hechos, añade, no hay información pública de los motivos de esta ausencia. Sin embargo, asegura Roberto, sí se vende yogur de soya liberadamente, y en grandes cantidades en varios puntos de ese municipio. Esta contradicción la población no la entiende, y la critica con mucha razón.

«Creo que sería válido y fructífero averiguar lo que está pasando con la distribución del yogur normado a los diferentes municipios de La Habana. Y más importante, informarle a la población los motivos por los cuales no se está abasteciendo con regularidad a los puntos de distribución.

«Ojalá esta misiva contribuya a que la Empresa de Productos Lácteos se sensibilice y dé una respuesta satisfactoria y convincente a la población, contribuyendo a eliminar los justos comentarios que se generan cuando se incumple algo tan sagrado como la cuota alimentaria», concluye Roberto.

Más que sagrado, diría este redactor, ineludible el yogur con que desayunan nuestros niños. En el caso de Camagüey, la Empresa de Productos Lácteos de esa provincia respondió al respecto que el vacío fue originado por problemas tecnológicos en sus fábricas. Ahora explota el asunto en la capital. ¿No urge ya que el Ministerio de la Industria Alimenticia ofrezca una información al respecto a la ciudadanía?

Por un papelito…

Daniel Pena Díaz (José Martí 7, La Trocha, Pilón, provincia de Granma, chofer de ómnibus de la Empresa de Transportación de Trabajadores (Transmetro) en su municipio, aguarda por un papel con autorización desde una lejana oficina, para prestar sus servicios y recaudar ingresos para esa entidad.

Cuenta el remitente que maneja un ómnibus Volvo, el cual transporta desde Pilón a los trabajadores de los hoteles Marea del Portillo y Farallón del Caribe. Y en octubre de 2014 la entidad facilitó para su equipo un motor marca Yutong.

Después de darle la puesta en marcha a la guagua para realizar los trámites en el Registro de Vehículos, resultó que dicho motor aparecía registrado en un ómnibus Yutong de la misma entidad, en Caibarién, provincia de Villa Clara.

En la Dirección Provincial de Transmetro en Holguín le dijeron a Daniel que esperara unos días, pues se estaban haciendo los trámites para darle respuesta al problema. El esperó y esperó.

Y al ver la demora, se comunicó con la Dirección Nacional de Transmetro el 5 de mayo de 2015. Allí la jefa de despacho, muy atenta y preocupada, le dijo que la llamara en un lapso de una semana para darle respuesta. Cuando la llamó, ella le informó que ya se había analizado el asunto en el Consejo de Dirección, que no se preocupara, pues le estaban proponiendo la baja al equipo en el que aparecía puesto dicho motor.

«Es preocupante la situación —afirma Daniel—, pues la Empresa ha dejado de recaudar por ese ómnibus un promedio de 10 000 a 12 000 pesos. En este período del que les hablo en ocasiones ha estado un solo equipo prestando servicio, y se ha roto. Y mi carro está parado por un papelito. Pensé que iba a ser más difícil la adaptación del motor y la puesta en marcha del ómnibus que los trámites de documentación. Y ya usted ve, un papelito…».

Suman ocho meses de espera. La culpa, un papelito… o más bien la lenta reacción de ciertas aprobaciones superiores. Cualquier semejanza no es pura casualidad, sino pura causalidad.

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