Desatendidos

Leandro A. Silva Chiquet (Bloque 25, apto.6, reparto Van Troi, Caibarién) es expedidor de tráfico de una base perteneciente a la Empresa de Transportación de Trabajadores Transmetro en Cayo Santa María, Villa Clara, y como tal denuncia en su carta la precaria situación que enfrentan los expedidores como él y los choferes de los ómnibus.

Precisa que deben permanecer todo el día en esa instalación, y sin embargo, no poseen las mínimas condiciones para descansar, elaborar y conservar los alimentos, además de que presentan dificultades con el agua para beber y para asearse.

Tal desatención, señala, viola lo conveniado entre Hugo Morejón Deya, director general de la Empresa, y Juan José Polo Vázquez, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte y Puertos, en el convenio colectivo.

Estos abandonos, añade, violan también lo establecido por el ministro de Transporte, César Arocha Macid, con fecha 14 de junio de 2010, relacionado con el estipendio de almuerzo y la merienda de los trabajadores, que en lo que va de año no han recibido.

«Todo ha sido promesas y trabas por parte de la administración, afirma, lo que ha traído una disminución de la eficiencia y la eficacia en la gestión de la entidad, un mal funcionamiento de las relaciones laborales y colectivas, bajo nivel de eficiencia económica y del bienestar económico y social de los trabajadores, lo cual se resume en mal funcionamiento de la Empresa y la desvalorización de esta».

Refiere Leandro que todo lo antes señalado se le ha informado al Consejo de la Administración, a las direcciones Provincial y Nacional de Transmetro, así como al Sindicato y al núcleo del Partido de la Empresa, sin que hayan recibido respuesta alguna.

Alegría de unos, tristeza de otros

Las Noches Holguineras, recreación plausible para muchos habitantes de esa ciudad, son también de fastidio y molestias para otros. Según el doctor Ramón Francisco Cruz Villar, residente en edificio 53, apto. 3, en el reparto Pedro Díaz Coello de la Ciudad de los Parques, el asunto cardinal no es el qué de esa loable iniciativa, sino el dónde, en una urbe en la que sobran los espacios.

Precisa que las Noches… se ubican en la avenida de los Libertadores, una de las principales arterias de Holguín, «desde las seis de la tarde y hasta que la mecha se apague…».

En esas tres o cuatro cuadras, apunta, que corresponden a una zona residencial, están enclavadas instalaciones de gran importancia social que requieren de mucha sensibilidad pública, como un hogar de ancianos y el Hospital Pediátrico Octavio de la Concepción Pedraja.

Al decir de Ramón Francisco, «cuando arrancan los equipos de audio y comienza la gozadera en la calle, se inicia la tortura acústica para los viejitos del hogar de ancianos, quienes deben encerrarse para atenuar el bombardeo de decibeles, cuando merecen toda la paz del mundo».

«Pero igual, y hasta peor —refiere—, ocurre para los niños ingresados en el Pediátrico, sobre todo con los del ala que colinda con la avenida de los Libertadores, apenas a unos metros de distancia». Y curiosamente, en esa zona de la avenida, no existe la señal de tránsito internacional de hospital, la cual exige silencio y no permite el uso de claxon por los vehículos, subraya el remitente.

Y como la avenida se cierra al tránsito vehicular, puntualiza, las ambulancias deben hacer un recorrido anormal para alcanzar el Cuerpo de Guardia del Pediátrico, así como se enlentece la fluidez de las que se dirigen al Hospital Lenin, al otro extremo de la ciudad.

Además, se alarga sensiblemente el itinerario de ómnibus y otros medios de transporte, por calles colaterales. Y el servicentro cercano tiene que suspender sus servicios mientras dura la fiesta. A ello, se suman las agresiones decibélicas por igual para las familias próximas.

Ramón Francisco se pregunta por qué ninguna autoridad ve u oye lo que es obvio. «La alegría de unos no debiera ser la tristeza de otros», sentencia finalmente el galeno.

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