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Espera que desespera

Oscar Lage Flores (edificio D-23, apto. 15, zona 15, Alamar, La Habana del Este) considera que los pacientes que asisten todas las semanas a recibir tratamiento de quimioterapia en el Instituto Nacional de Oncología y Radiología, no tienen las mejores condiciones en el salón de espera.

Al parecer, manifiesta, fue un área que se habilitó temporalmente y quedó para siempre. Teniendo en cuenta que quienes asisten allí padecen de cáncer y otras delicadas patologías, es lamentable que deban permanecer en ese local sin las mínimas condiciones.

No hay ventilación, señala, ni agua ni baño. Los asientos, demasiado incómodos para personas que sufrieron intervenciones quirúrgicas, y otras con lesiones en diferentes partes de su cuerpo. Eso, sin contar la gran aglomeración de personas, porque, al parecer, no se concibió que cada paciente estuviera acompañado de uno o varios familiares, por su delicada salud.

Tal atmósfera, refiere Oscar, se vuelve difícil para un enfermo que debe permanecer desde bien temprano en la mañana (antes de las 9:00 a.m.) y que puede terminar pasadas las 6:00 p.m.

Alerta también sobre el área de Laboratorio que se utiliza en estos momentos que, opina, tampoco cumple las condiciones, en un lugar muy pequeño y sin climatización, y que atiende diariamente hasta 150 pacientes. Para agravar, su área de espera es compartida con la de curaciones.

Oscar solicita a la dirección del hospital, en la medida de sus posibilidades, que modifique esta situación y que la interacción con los pacientes, en cuanto a atención a sus planteamientos, no se ciña solo a los hospitalizados.

Gratitud

Víctor Enrique Naranjo (Panorama 749, apto. 2C, entre Tulipán y Lombillo, Nuevo Vedado, La Habana) felicita públicamente al personal del Instituto Nacional de Oncología y Radiología, en especial al Grupo de Trabajo del Acelerador Lineal 1, donde le aplicaron 35 radiaciones.

El paciente reconoce la ética y profesionalidad de ese colectivo, comenzando por la compañera Zobeida, quien como recepcionista o secretaria, siempre tan profesionalmente orienta, da soluciones y ánimo a cada paciente.

Destaca a la doctora Iris Beatriz Inpuenzo, «pequeña y menudita, pero con un gran corazón y un dominio absoluto de su especialidad». Y a la enfermera Nancy, «quien con su carácter alegre y campechano alivia a cualquiera de la ardentía y molestias de las radiaciones».

Menciona también a los técnicos Yupia Limonte, Maybi Moreno y Rendy Romer, y a Paula, la enfermera. «Todos, con su carácter alegre y jovial, pero con un trato serio y profesional hacia cada paciente, dándonos siempre aliento».

Y no olvida a Adrián, el electromédico: «El hombre que día a día, muy, pero que muy temprano, llega a su puesto de trabajo y nos da la bienvenida con una frase: “El equipo está listo”».

«A todos, nuestro eterno agradecimiento», concluye Víctor.

Despilfarro

En medio de una gran sequía de consecuencias impredecibles,  Yuraimis Díaz (calle 2da., No. 25505, entre B y C, Dolores, San Miguel del Padrón, La Habana) manifiesta que en los repartos San Matías, La Cumbre y Caballo Blanco, de ese municipio capitalino, se han acometido costosísimas inversiones hidráulicas que, por problemas de calidad, han traído el derroche de cientos de miles de galones de agua, al tiempo que han hecho intransitables las calles.

El panorama se puede observar sobre todo en la Carretera Central, en el tramo del Caballo Blanco a la Garita del Diezmero, y en otras vías interiores de los citados repartos, donde, incluso, han ocurrido accidentes de vehículos.

«Nadie sabe dar una explicación del porqué, subraya, y en especial se siente impotencia al ver el derroche de tanta agua, que escasea en otras partes, y la imposibilidad de que los principales directivos del territorio, de Viales y Recursos Hidráulicos, caminen, pregunten y palpen el daño económico y social en que se ha incurrido», finaliza.

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